• 07 de Mayo del 2026

Adolescencia: entre el crimen organizado y las trampas del internet

Foto: freepik

La persona que hace unos días asesinó a Carlos Manzo, ex alcalde de Uruapan, fue un adolescente de diecisiete años. En septiembre, un muchacho de dieciséis años, estudiante del CCH Sur, murió a manos de un joven de diecinueve. El autor del feminicidio de Natalia Andrade, ex funcionaria del gobierno municipal de Puebla, fue también un adolescente, pero de doce años.  Los tres casos, todos ocurridos en 2025, apuntan a fenómenos distintos, pero que develan complejas violencias que atraviesan la experiencia de ser adolescente en el México actual.

El asesinato de Manzo se conecta con los macabros territorios -físicos y simbólicos- del crimen organizado. No es un secreto que los cárteles reclutan a niños, niñas y jóvenes para conformar sus células. Aunque es imposible determinar con precisión la magnitud de este problema, académicas como Elena Azaola y Rossana Reguillo han realizado investigación al respecto y la Red Por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) pugna por la tipificación del delito de reclutamiento niños, niñas y adolescentes y la consideración de que son a la vez víctimas y victimarios cuyos derechos deben salvaguardarse. Tanto si la participación de adolescentes, niñas y niños en el crimen organizado se da bajo una suerte de seducción (si es motivada por un anhelo de poder, reconocimiento y dinero), como si el involucramiento se da bajo coacción directa (muchas veces la incorporación es antecedida por amenazas o privación ilegal de la libertad), el fenómeno implica retos importantes para el gobierno y la sociedad, pues señala la necesidad urgente de mejorar las políticas de prevención y atención: ampliar la cobertura educativa, promover el empleo digno, mejorar la seguridad pública y la administración de justicia, desarmar a los cárteles y combatir la corrupción. Deshacer una maraña de cardos y espinas, pues.

En los otros dos casos rescatados del archivo, aparecen de fondo relaciones sociales establecidas en internet: un reto viral, una cultura digital. Interacciones virtuales tan significativas que llevaron a los adolescentes a conceptualizarse a si mismos y al mundo de una manera particular. El componente de género es innegable. En el feminicidio, parece que el móvil original era grabar a la mujer-objeto. El caso CCH Sur quedó ligado a la cultura incel y a la manósfera.

Tengo hijos adolescentes y llevo como veinte años promoviendo que es importante que, como sociedad, visibilicemos, respetemos y procuremos la seguridad y el bienestar de este sector de la población. Las razones son muchas y, para cualquiera con diez miligramos de sentido común, deberían ser obvias. Que un adolescente “decida” empuñar un arma y matar al presidente de su municipio, entrar a la casa de su vecina y terminar estrangulándola, o vengarse asesinando a otro muchacho, nos dice algo sobre él sujeto individual, pero también nos habla de la sociedad que estamos construyendo todos los días, de los discursos y las relaciones que faltan y de las que sí se están dando, amplificadas por el internet y los medios de comunicación.

Las personas adultas tenemos el gran reto de entablar nuevos diálogos con las jóvenes generaciones ¿cómo hacernos escuchar? ¿cómo escuchar? En principio hay que reconocer que no lo sabemos todo y que para construir un mundo más justo, más seguro y más vivible, necesitamos que niñas, niños y adolescentes participen activamente en la vida comunitaria. Puede resultar simple pero, de alguna forma, parece que no tenemos entendido algo que para el crimen organizado está claro: la energía de niñas, niños y adolescentes es fundamental para cualquier proyecto social de largo alcance. Por otra parte, los discursos de odio se ofrecen como respuestas accesibles ante las necesidades e inseguridades generadas por la mercancianización de la vida. Ante esta realidad caben varias preguntas: a nivel familiar, escolar y gubernamental ¿qué opciones y respuestas estamos ofreciendo para las niñas, niños y adolescentes en nuestro entorno inmediato? ¿estamos conversando? ¿sabemos qué inquietudes tienen y quiénes son? ¿o sólo nos quejamos de que pasan demasiado tiempo en internet y pensamos en la disminución de la edad penal cuando algún hecho nos escandaliza?  Preguntas serias.