Las razones para promover el autocuidado están estadísticamente sustentadas. A nivel nacional, incluso mundial, se reporta alta incidencia de problemas como depresión, ansiedad, aislamiento, adicciones y conducta suicida entre personas cada vez más jóvenes. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, en México la edad promedio de inicio en el consumo de alcohol es de 12 años. Citando cifras del INEGI, en un informe de Save the children publicado en 2024, se establece que “En el grupo de 10 a 14 años, el suicidio fue la cuarta causa de muerte nacional con 217 defunciones registradas en 2023”. Estas y otras tendencias ponen de manifiesto la urgencia de desarrollar medidas preventivas más eficaces, junto con los programas que atienden los problemas cuando ya se han presentado. Por cierto, está comprobado que tratar cualquiera de estos problemas es más difícil y costoso que prevenirlo. Cualquier persona que conviva cotidianamente con este grupo de población sabrá que las adicciones y los problemas de salud mental son algo común y corriente entre niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
Las niñas y jóvenes mujeres están experimentando una presión muy elevada en relación con los estándares de belleza contra los que se comparan, invierten mucha energía y tiempo en su apariencia y eso produce un desgaste emocional que puede derivar en trastornos alimenticios o trastocar su bienestar socioemocional. Los cigarros electrónicos, el alcohol y otras drogas están llegando muy fácilmente a manos de niñas, niños y adolescentes. Así que, como adultos responsables, no queda más que ponernos las pilas sí o sí. No es suficiente con adoptar un enfoque prohibicionista, ni a nivel familiar, ni en el plano de la política social. Más allá de decir: no fumes, no bebas o no tengas sexo sin protección, es necesario diseñar y poner en práctica estrategias integrales y accesibles.
El autocuidado consiste en un conjunto de acciones conscientes y organizadas, desplegadas por individuos y comunidades para incrementar la salud y el bienestar integral. En este sentido, las acciones deben orientarse al mejoramiento de la salud física, emocional, mental y comunitaria, es decir, una estrategia de autocuidado puede incluir una multiplicidad de acciones, tales como: mantener una dieta balanceada, cultivar hábitos de higiene del sueño, aprender a poner límites, a nombrar y gestionar las emociones, hacer un uso mesurado del teléfono celular, aprender a detectar situaciones de riesgo, etc.
Sin embargo, hay que tener mente, sobre todo si hablamos de niñas, niños y adolescentes, que el entorno es un factor fundamental en el desarrollo o en el bloqueo del autocuidado. Es decir, el autocuidado no es sólo una demanda que se hace al adolescente, niña o niño, sino una práctica que se cultiva y se acompaña desde la familia, la escuela y la comunidad.
Como factores que favorecen la implementación de estrategias de autocuidado entre adolescentes, niñas y niños, podemos enlistar:
Un sistema familiar estructurado y no violento
Recursos económicos y materiales suficientes para la satisfacción de necesidades básicas
Instituciones educativas de todos los niveles que incorporan la cultura de paz y el autocuidado como tema y práctica
Comunidades con lugares seguros y accesibles para el desarrollo de actividades recreativas, deportivas y artísticas
Campañas informativa y exposición de la importancia del autocuidado en los medios de comunicación
Restricción y escasez de sustancias adictivas en la comunidad
Bajos índices de prevalencia delictiva en la comunidad
Leyes y reglamentos de protección de niñas, niños y adolescentes vigentes y aplicados
Cuando todos o la mayoría de estos elementos están alineados, la promoción del autocuidado tiene resonancia entre niñas, niños y adolescentes y constituye una vía eficaz para la prevención de problemas de salud. En cambio, si la mayoría de los factores enlistados no están presentes, promover el autocuidado podría resultar fútil e insustancial.
















