Es adverso para sus actuales autoridades municipales, donde la percepción ciudadana no acompaña el ejercicio de gobierno y comienza a cerrar la puerta a cualquier intento de reelección.
El gobierno de Alejandro Barroso Chávez en Tehuacán, transita entre contrastes.
Llegó con fuerza electoral, pero la percepción pública no ha logrado sostenerse en ese mismo nivel.
La inseguridad y la falta de resultados que se traduzcan en narrativa han debilitado su posicionamiento.
En San Martín Texmelucan, Juan Manuel Alonso Ramírez enfrenta un problema similar.
Acciones de gobierno que no terminan por instalarse en la conversación, como los de la inseguridad que sigue latente.
Sin percepción positiva.
Huejotzingo, bajo Roberto Solís Valles, no ha conseguido construir.
Empecinado en una guerra con su antecesora la ahora diputada Angélica Alvarado, ha tenido un arranque sin resultados visibles
Roberto no solo enfrenta inercias heredadas, sino una actitud del alcalde de lejanía con la gente, aunque se eche sus chelas en la calle en pleno carnaval.
En Tecamachalco, el bajo perfil de Mateo Hernández se traduce en escasa presencia.
Y también no ha podido frenar a la inseguridad. Da miedo pasar por el municipio.
Amozoc repite el patrón.
La administración de Severiano de la Rosa Romero no ha logrado conectar con la ciudadanía ni generar una percepción favorable sostenida y de seguridad ni hablamos.
En todos los casos, la constante es gobiernos que no han conseguido estar presentes en la vida cotidiana de la gente y con altos índices de inseguridad la reelección se vuelve lejana.
Los que sí
En contraste, en la zona conurbada, otros perfiles de Morena avanzan en sentido distinto.
Tonantzin Fernández, en San Pedro Cholula, mantiene presencia territorial constante y contacto directo con juntas auxiliares, lo que le permite sostener control político en un municipio altamente competido.
Incluso según los resultados del estudio denominado “Ranking de Alcaldes”, la edil cholulteca alcanzó un 60.1% de aprobación por parte de la ciudadanía.
Omar Muñoz, en Cuautlancingo, ha entendido la lógica de un municipio en expansión.
La obra pública y la presencia institucional le han dado visibilidad, un activo clave rumbo a la continuidad.
Armando Aguirre, en Coronango, apuesta por operación más que por reflectores.
Su cercanía con la población le permite mantener estabilidad política y construir base electoral.
La diferencia entre ambos bloques es clara.
Mientras unos gobiernan sin lograr conectar, otros han hecho de la cercanía su principal herramienta.
Tiempo al tiempo.
















