Con una sonrisa, sin perder la compostura, elegante, firme, más cerca de los 60 que de los 50 años, con toda la experiencia a sus espaldas, silenciando las proclamas insidiosas que la daban por caduca, remunerada y obsoleta. Vuelve para darle pelea a la mujer que, primero desarrolló y luego blanqueó, los desmanes de su anterior jefe, Nicolás Maduro. La famosa Delcy Rodríguez, otrora revolucionaria castrista que liberaba dopamina cada vez que los cachorros chavistas quemaban una bandera con las barras y las estrellas. Hoy, transformada en alfil servil a los intereses del Tio Trump. Trasegando petróleo nacional, con inusitado desparpajo, dirección Norteamérica.
Todo sirve y todo vale con tal de librar los tentáculos de la CPI (Corte Penal Internacional) o del mismísimo Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Nadie quiere, en suma, ir a hacerle compañía a los últimos verdugos de la guerra de Yugoslavia, en La Haya, ni mucho menos al jefe Maduro en una cárcel de Nueva York. Por mucho que este último hable con las aves. De mal agüero.
Fue hace escasos días cuando María Corina Machado desde Panamá, soltó la noticia que va a volver a su patria y que se va a presentar a las elecciones presidenciales -cuando estas se convoquen-. Aseguró que, para ello, cuenta con el apoyo de los Estados Unidos.
Matizó que su gran interlocutor, en este proceso, es el Secretario de Exteriores de Estados Unidos, Marco Rubio. Informó que la transición política en Venezuela requiere de tres fases, siendo las más importantes la estabilidad del país y la posterior recuperación institucional y económica.
No hay fecha para los comicios presidenciales. Se habla de 2027 como año probable. No importa. Hace mucho tiempo que María Corina no mide su lucha y su cruzada por recuperar las libertades y derechos, en su país, en términos de meses, ni siquiera de años.
Una mujer que se ha forjado en la adversidad viendo como le impedían ocupar su escaño de diputada nacional, o postularse para la presidencia de Venezuela, no se arredra antes las agujas de un reloj que, inexorable, avanza hacia la recuperación de los valores democráticos en un país que lleva casi 30 años careciendo de los derechos más elementales.
La pregunta que sin duda se hacen los 27 millones de habitantes que aún sobreviven en Venezuela, y los casi 10 millones que abrazaron el exilio, es saber cómo va a jugar Estados Unidos. Qué cartas va a poner encima de la mesa la administración que preside Donald Trump, teniendo en cuenta las elecciones de medio término -de noviembre próximo- a las que el líder del movimiento MAGA llega con un enclenque 35 % de aprobación en las últimas encuestas.
La paz no resuelta en Irán, la apertura democrática apenas vislumbrada en Cuba, una inflación que no cede y más problemas que se le van amontonando al señor Trump, son factores a tener en cuenta.
Y ahora, por si éramos pocos, un horizonte de lucha de gigantes amparado por el paraguas del imperio yankee. Por un lado Delcy Rodriguez, heredera de lo más oprobioso del régimen madurista, pero garante del modelo de explotación económica trazado desde Washington. Por el otro la bandera de las libertades en manos de la heroína María Corina Machado, que no necesariamente cuenta con el apoyo masivo de sus conciudadanas/os.
Uf, harto trabajo para un señor de salud precaria que, en unos días cumplirá 80 años. Míster Trump.
Dr. Oscar Tendero García, catedrático de Historia y de Geopolítica internacional. Conferencista. Asesor.
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