• 31 de Agosto del 2026

Causa y efecto

Foto: Pixabay

Hoy estoy segura de que las guerras también dejan su huella sobre el clima del planeta azul. Las explosiones, los cohetes, los misiles, los incendios y la inmensa maquinaria de guerra liberan calor, gases y partículas, destruyen ecosistemas y alteran territorios.


Pero las guerras no son la única miseria.

Hace mucho que dejamos de vivir en armonía con la naturaleza. Simplemente nos colocamos en la posición de amos y señores. Perforamos sus entrañas, contaminamos sus aguas, incendiamos sus bosques y alteramos sus ritmos, como si todo pudiera soportarlo indefinidamente.

Y ahora el planeta empieza a devolver, en forma de inestabilidad, las perturbaciones acumuladas durante décadas.

Parece que los dioses están enfurecidos.

O quizá simplemente estamos viviendo las consecuencias de haber tratado a la Tierra como una cosa sin memoria.

El Himalaya puede convertirse en un símbolo de esta época: el hielo que parecía eterno comienza a moverse; el río que parecía estable deja de serlo; el suelo que parecía sólido se desprende.

No porque la naturaleza haya adquirido una voluntad vengativa.

Sino porque hemos alterado las condiciones bajo las cuales mantenía su equilibrio.

Y la naturaleza tiene una ley que no necesita dioses para cumplirse:

 

causa y efecto.