El Gobierno de Rusia reaccionó con dureza el jueves ante la incautación de un buque petrolero por parte de Estados Unidos, una medida que reaviva la tensión bilateral y amenaza con extenderse a otros frentes estratégicos, incluidos los intentos del presidente Donald Trump por cerrar el conflicto en Ucrania.
De acuerdo con el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso, la toma del petrolero con bandera rusa, ejecutada el miércoles en el Atlántico Norte, eleva el riesgo de una escalada militar y política en la región euroatlántica y reduce peligrosamente el umbral para el uso de la fuerza contra embarcaciones civiles.
El presidente Vladimir Putin no ha realizado declaraciones públicas sobre el caso. Su silencio contrasta con las críticas expresadas por diplomáticos rusos tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, calificada como una agresión flagrante por Moscú.
Analistas y blogueros militares en Rusia cuestionaron la falta de una respuesta inmediata del Kremlin y sugirieron el despliegue de buques de guerra para escoltar petroleros. La preocupación se intensifica ante la promesa de aliados occidentales de Ucrania de reforzar sanciones contra la flota petrolera clandestina rusa.
El Comando Europeo de Estados Unidos confirmó que el buque Bella 1 fue incautado por violaciones a sanciones estadounidenses. El barco había sido seguido desde el mes pasado, cuando intentó evadir un bloqueo alrededor de Venezuela, tras lo cual fue rebautizado como Marinera y registrado bajo bandera rusa.
Moscú rechazó el argumento estadounidense y calificó la operación como una violación flagrante del derecho marítimo internacional, asegurando que el permiso para navegar bajo bandera rusa fue emitido en diciembre. Washington sostiene que el embargo petrolero a Venezuela sólo autoriza flujos de crudo alineados con su legislación.















