Con el tono sensacionalista de costumbre, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dio a conocer la noticia que llegó a los titulares de todo el mundo a la velocidad de las redes sociales.
La opinión pública, ese monstruo que consume noticias antes incluso de activar el pensamiento crítico, también hizo lo propio: Maduro se entregó. Maduro pactó su entrega antes de caer. Ese no es Nicolás Maduro, es un doble, el verdadero está en Bielorrusia, gozando de un asilo político, todas, elucubraciones que resaltan el poder del rumor en pleno siglo XXI.
La verdad no la sabremos en su máxima expresión, solo aquello que los medios de comunicación han podido compartirnos, y desde luego, los pormenores de la captura de Maduro, la estrategia aplicada, los puntos exactos atacados por las fuerzas bélicas de los Estados Unidos, son atesorados con celo por el Departamento de Estado. Se trata de información privilegiada, que será compartida a cuentagotas desde Washington según dicte su propia conveniencia, en un claro ejercicio, magistral, de cómo hacer uso de la propaganda bélica.
Pero no hay que ser un experto en seguridad, para darse cuenta de lo que realmente ocurrió. El gobierno de Donald Trump, cazó a su más preciado objetivo en América Latina, Nicolás Maduro Moros, cabeza visible del chavismo; locuaz, adicto a la Salsa (bailada), admirador del gurú Sai Baba, tan histriónico y explosivo como su par estadounidense, ambos forman parte de la peculiar fauna política del siglo XXI.
Washington, desplegó sus tecnologías bélicas más avanzadas frente al Caribe, desde ahí, pudo geolocalizar al discípulo más aventajado del difunto comandante Chávez, más creyente en los augurios del destino, que en las estrategias.
Maduro cayó con la fuerza de un escurridizo asteroide, Trump, presumió las fotos del presidente venezolano ya esposado junto a su esposa, la también cautiva Cilia Flores, ambos acusados por Washington de narcotráfico.
Pero antes de esa foto, la detención de Maduro en propio suelo venezolano era un escenario improbable: ¿negoció la cúpula militar la entrega de Maduro? ¿lo traicionaron los altos mandos? Las imágenes reproducidas en la red nos dicen lo contrario, también las entrevistas a soldados venezolanos que enfrentaron el ataque, perpetrado por el Comando Sur de los Estados Unidos de Norteamérica.
Happy new year, dijo Maduro en tono irónico, al llegar a suelo neoyorquino donde será juzgado junto a su consorte, llamada por este “La primera combatiente”. Pero ninguno de los dos pudo resistir el embate del poderoso Complejo Militar Industrial, capaz de provocar Golpes de Estado, quebrantar gobiernos, tambalear países, el mismo que otro 03 de enero (pero de 1989) fecha no casual, detuvo al general Manuel Antonio Noriega en Panamá, en otro ejercicio bélico exitoso, que dejó centenares de muertos.
Los paralelismos de ambas capturas saltan a la palestra: Washington, es una fábrica de héroes y villanos, unge a sus aliados, y a la menor provocación los tunde, convirtiéndolos en enemigos con la complicidad de los medios que le son afines y que no son pocos: algunos cobran en las embajadas o reciben alguna beca (le llaman apoyo a la democracia) en realidad es periodismo gansteril de muy baja monta.
Y no es que Noriega o Maduro hayan sido blancas palomitas, son parte del juego del poder, pero la Casa Blanca supo de sus devaneos, y mientras sus intereses no fueran tocados, dejaron ser, dejaron pasar; así se mueve el tablero del imperio, siempre a beneficio del sistema económico global.
Un día como hoy, pero de 1989, también las tropas estadounidenses ingresaron a un país latinoamericano, la narrativa fue la misma: un dirigente totalitario, un autócrata con el que no se puede negociar; habrá que deponerlo sin importar los límites del derecho internacional, ya sabemos quiénes mandan.
Los métodos del imperio son por todos conocidos. Enaltecen al aliado, lo engordan para el festín, lo cubren de gloria, y cuando se rebela lo envilecen públicamente hasta la saciedad. Ese fue el caso de Osama Bin Laden, del propio Saddam Hussein, también de Muamar Gadafi, primero aliados de Washington y después catalogados como dictadores, sus cabezas exhibidas en la picota por el propio sistema que los alentó.
El comportamiento errático y falaz, es parte del ADN de la Casa Blanca, no importando quien fuera el presidente en turno, pudo ser Nixon, Reagan, Bush, Biden, ahora Trump, todos merecen su juguetito bélico, mientras la industria de las armas se frota las manos.
Quienes esperaban que Trump llamara a elecciones en Venezuela luego de la captura de Maduro, recibieron un balde de agua fría. La propia María Corina Machado, cabeza visible de la oposición venezolana, llamaba a efectuar una transición urgente en Venezuela, pero al mismo tiempo, desde la Casa Blanca, Donald Trump la abandonaba públicamente, destacando la falta de apoyo popular de Machado para dirigir Venezuela.
La puñalada de Trump a Machado, fue reproducida por el poderoso Marco Rubio, operador intelectual de la captura de Maduro en Venezuela, quien declaró abiertamente “que con Delcy Rodríguez si se puede negociar, y no como Maduro que no sabía cumplir acuerdos”.
Pero la vicepresidenta Delcy Rodríguez, es una favorita de la cúpula chavista, consentida junto a su hermano Jorge Rodríguez, con destacadas posiciones de poder otorgadas por Nicolás Maduro. Reconocidos ambos por su férreo pragmatismo pro-chavista, los hermanos Rodríguez ya negocian con el gobierno de los Estados Unidos, mientras el imperio baila sobre el cadáver insepulto de Maduro.
Pero lo cierto es que el hijo predilecto de Hugo Chávez, podría ser tratado como todo, menos como un reo en desgracia. Es probable que, desde Venezuela, los hermanos Rodríguez pacten la entrega de Maduro a algún país aliado, toda vez que el chavismo, termine de aceptar las onerosas condiciones de Washington.
Las palabras de Marco Rubio, afirmando que Estados Unidos trabajará con el gobierno de Venezuela, siempre y cuando acepten sus términos, cayeron como una ráfaga que desalentó a la oposición venezolana en el exilio.
¿de que sirvieron las guarimbas?
¿los intentos de derrocar a Maduro?
¿las negociaciones diplomáticas?
¿el extinto Grupo de Lima?
¿la presión internacional?,
si al final la Casa Blanca aplicó su mejor doctrina: la sangre y la invasión para terminar negociando la paz sobre las rodillas.
Por su parte Donald Trump, ha expresado sin cortapisas su interés sobre el petróleo venezolano, y no sobre la democracia del país suramericano; ¿queda clara la prioridad? ¿o es que la ingenuidad seguirá gobernando a los rebaños que consumen las mentiras de la propaganda bélica un día sí y otro también?
¿Cuál democracia?
¿Cuál legitimidad?
Mañana, Maduro podría aparecer de la mano de Donald Trump, mientras las reservas petroleras de Venezuela se conviertan en un activo del tenebroso Departamento del Tesoro ¿y que tiene?
Hay que destacar la precisión de la estrategia implementada por Washington para extraer a Maduro. Trump esperó a que en América Latina triunfaran sus favoritos: Rodrigo Paz en Bolivia, Asfura en Honduras, Kast en Chile, para echar mano de su fuerza bélica, de otra manera, habría encontrado una férrea oposición de la izquierda, que lo habría hecho más difícil.
Con el tablero internacional a su favor, Trump, dio el escopetazo final echando mano de su distinguida presa: Maduro no como un detenido formal, muy lejos de lo que enmarca el derecho internacional, y en realidad convertido en un rehén de los Estados Unidos, utilizado para hurtar los amplios recursos naturales de Venezuela: jaque mate.
La vieja Doctrina Monroe desempolvada por Trump, nos demuestra que el mundo no cambió lo suficiente de la Guerra Fría hasta nuestros días, ya no son los años en que el extinto Chávez, encabezó junto a Kirchner, Lula y otros jefes de Estado, la férrea oposición a los intereses de Estados Unidos ante la llamada Área de Libre Comercio de las Américas.
La detención de Maduro, pareciera un antiguo ajuste de cuentas muy ansiado por Washington, que engloba todas las afrentas que el chavismo protagonizó contra la Casa Blanca durante años, como aquella donde Hugo Chávez, llamó John Wayne al entonces presidente Bush, ante la mismísima sede de la ONU, frente a los medios de comunicación de todo el mundo.
Hoy vivimos en un entorno internacional polarizado, con la brutalidad triunfando por encima de los acuerdos. Trump, un ariete del sionismo y del complejo armamentista, ha interferido abiertamente en las elecciones de Honduras, Chile y Bolivia, cuyos presidentes electos forman parte de su alianza estratégica.
La respuesta de la opinión pública ante el intervencionismo ha sido tibia, hoy, Latinoamérica, ha vuelto a su tradicional lugar de patio trasero de los Estados Unidos.
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