• 12 de Febrero del 2026

Blanca Alcalá y el PAN ¿suma o espejismo?

Foto: Especial

Mayo 2016: Blanca Alcalá Ruiz acusó que ha sido víctima de la campaña más violenta que se ha vivido en Puebla de parte del Partido Acción nacional (PAN), tras un enfrentamiento en un mitin en Canoa.


Después el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ordenó el retiro de dos spots del PAN atacaron a Blanca en clara en violencia política de género.
La señalaron como parte del equipo de Mario Marín.

Entonces era candidata a la gubernatura de Puebla de la alianza del PRI–PVEM–Encuentro Social y competía contra el morenovallismo que tenía como abanderado a Tony Gali.
Perdió aplastada finalmente.

Diez años después, la encumbran rumbo al 27, aunque en su discurso lo nieguen.

Blanca, cruzó el umbral del PAN como quien ajusta una ficha en un tablero que se le cae al albiazul de las manos.

Después de más de 40 años en el PRI, la exalcaldesa de Puebla y exsenadora decidió cortar amarras con su pasado tricolor, cansada de una dirigencia que, a su juicio, dejó de representarla.

Del PRI todos sabemos que está en un desmantelamiento interno con incapacidad para retener a sus perfiles con trayectoria real.

La oportunidad priista de ganar está diluida.

Por eso huye Blanca, es notorio.

Llamó la atención que no se refugió en Morena como todo buen priista.

En una estrategia de supervivencia personal, dio un guiño al PAN y este respondió hambriento de figuras.

¿Se le acabaron los cuadros a los celestes?

El partido opositor no solo vive en tiempos de baja imagen —sin proyecto claro más allá de oponerse a Morena—, también enfrenta un agotamiento de cuadros con peso electoral propio.

Esta unión se podría interpretar como índice de desesperación.

El líder nacional Jorge Romero Herrera, con los locales Mario Riestra y Genoveva Huerta, presentaron la llegada de Alcalá como un plus de experiencia y puente con la sociedad.

Pero descartan que sea un intento por desplazar liderazgos internos.

¿Será?

Todo indica lo contrario.

Se le asigna la “coordinación de alianzas estratégicas” rumbo a 2027 y aunque Jorge Romero no descarta que pueda competir, ella ha dicho que no está en su agenda una candidatura inmediata.

Alcalá, es una buena política que carga consigo historia y nombre, pero también la percepción de una política acostumbrada al hueso y al cargo, más que a la conexión ciudadana real.

Su presencia puede abrir puertas de negociación con liderazgos de otros partidos o sectores sociales, pero difícilmente transformará a un PAN sin crecimiento orgánico.

Si lo que buscaba era renovar su capital político, se enfrenta a una realidad estricta: el electorado no siempre premia migraciones o chapulineo.

El PAN gana, sí: gana la ilusión de un rostro más conocido.

Blanca Alcalá, en el PAN, probablemente solo gane un asiento en la mesa nacional sin la certeza de que ese asiento se traduzca en poder real o en triunfo electoral.

El verdadero reto no es su llegada, sino si el blanquiazul puede convertir personajes en proyectos con impacto ciudadano.

Ni Alcalá ni el PAN tienen aún respuestas claras.

Tiempo al tiempo.