El torneo comenzó con un aire de esperanza, para empezar, por las promesas de “Chiquis” García, director deportivo del Club que anunció un gran proyecto (mismo que jamás cumplió), palabras huecas que se llevó el viento. No hubo cambios sustanciosos en la plantilla de jugadores, que por más que tuvieron oportunidades en la cancha, no dejaron de ser grises.
En el balance del torneo hay algo positivo, la llegada de Albert Espigares a la dirección técnica del club, y es que hay que decirlo con todas sus letras, es un verdadero artista de nuestro amado deporte llamado: fútbol. Un artista que saca brillo de las piedras y contagió, por grandes momentos, de optimismo y motivación a sus jugadores.
Pero Espigares no es solo un gran motivador, también es un gran estratega e hizo lucir a este club en el campo como un equipo competitivo, aún con todas las carencias deportivas y todos los desastres heredados desde lo administrativo. Si los jugadores realmente hubieran escuchado las instrucciones de su DT, el equipo no se hubiera ido en picada estos últimos 3 partidos, dejando al Puebla sin posibilidad de liguilla.
La llegada de Albert Espigares al Puebla fue lo mejor que le pudo pasar el club, tristemente el equipo no podrá salir del bache en el que se encuentra desde hace muchos años mientras no cambie la forma en la que se administra a nuestra querida institución. La afición que tanto ama a este equipo probablemente nunca le dé la espalda a la franja, pero hay que alimentar la esperanza con argumentos sólidos y tangibles.
La última jornada se jugará en casa frente al Querétaro, lo menos que se espera es un triunfo para cerrar decorosamente el torneo y claro que es posible, Espigares hará todo lo posible para lograr este cometido, esperemos que los jugadores salgan al terreno de juego con la actitud necesaria, concentrados y mesurados, pero a darlo todo que el torneo se termina.
Yo soy Josué Darien y nos leemos en la próxima Joya Deportiva.












