• 07 de Mayo del 2026

Y vienen por más

Foto: Especial

Ya lo dijo. Muy claro, muy alto y muy nítido. Y esta vez no fue solo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. No. Esta vez fue Todd Blanche, fiscal general interno -tras la destitución de Pam Bondi- del país vecino, quien anunció/informó/amenazó con extender las órdenes de extradición a diversos políticos -en activo o retirados- de nuestro país.


Balde de agua fría para el gobierno que preside la Dra. Claudia Sheinbaum. Aquí no hay respiro, no hay pausa. No es tiempo de vals ni de reposar la digestión. El señor Trump no permite status de confort. Golpea, golpea y, si le quedan fuerzas, golpea de nuevo. A ritmo de rock and roll.

Apenas repuestos estábamos de las órdenes de extradición emitidas por el gobierno de los Estados Unidos cuando llegó esta declaración dura y contundente de Blanche. Órdenes de extradición -cómo no recordar aquellas que, como espada de Damocles, hicieron zozobrar y sumergir a Colombia, en los años 80 del siglo pasado, en una espiral de demencial violencia auspiciada por el Cartel de Medellín, del finado Pablo Escobar Gaviria- que han provocado una auténtica revolución en el estado norteño de Sinaloa.

El gobernador, Rubén Rocha Moya, se vio obligado a pedir licencia y fue sustituido por la ex diputada Yeraldine Bonilla Valverde. El senador Enrique Inzunza Cázarez, por Morena, no aparece ya por la cámara federal y se refugia en llevar a cabo trabajo de campo en el interior del estado de Sinaloa. El ex secretario de seguridad de Sinaloa, Gerardo Mérida, se ampara contra la orden de extradición de Estados Unidos.  Un juez ha frenado ya cualquier orden de aprehensión. Y el resto de señalados con otras órdenes de extradición no aparecen, mayormente, en el escenario público.

Ahora bien, ¿En qué contexto hay que entender este giro de fuerza por parte de la administración Trump? Si duda en el ámbito de la renegociación del tratado económico T-MEC que se lleva ya a cabo entre Canadá, Estados Unidos y México. Si nuestro nivel de colaboración es escaso, seremos mucho más condicionados en los acuerdos finales de dicho compromiso económico.

Por otra parte no hay que descartar el hecho de que a Donald Trump le viene bien cualquier escenario internacional en el que su poder sea muy notorio, para que la opinión pública empiece a olvidar su desastrosa campaña militar en Irán que,  no solo no consiguió ninguno de sus objetivos iniciales -derrumbar la teocracia de los ayatolás, abortar el financiamiento de Irán hacia los grupos terroristas de Medio Oriente y frenar la investigación nuclear del país persa- sino que sigue atorado en el Estrecho de Ormuz, provocando que el americano promedio pague de su bolsillo, el incremento de los hidrocarburos.

En lo que la administración de Donald Trump termina de cocinar la intervención/negociación en Cuba, cualquier golpe de fuerza le viene bien al presidente norteamericano, en la inteligencia de

lograr algunas medallas que levanten esos modestos índices de aprobación que colocan a su mandato en un exiguo 35%, si acaso 40% de aprobación. Y, en el horizonte, asoma ya las orejas el lobo -el bisonte sería más propio para hablar de Estados Unidos- de las elecciones de medio término en noviembre de este 2026. Todo o nada para el señor Trump.

Porque, a fin de cuentas, ¿Puede haber trumpismo sin Trump? ¿Puede sobrevivir el movimiento MAGA (Make America Great Again), sin su totem político? Veremos.

 

Dr. Oscar Tendero García, catedrático de Historia y de Geopolítica internacional. Conferencista. Asesor.

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