• 29 de Agosto del 2026

Cablebús y la cerrazón opositora

Foto: Especial

Hemos llegado a un momento en que aunque el gobierno estatal anuncie lo que anuncie e informe lo que informe, la cerrazón de un grupo al proyecto no cambiará.


Y es que la oposición al Sistema de Transporte por Cable comienza a mostrar un componente que va mucho más allá de árboles, permisos, estudios ambientales o movilidad: la batalla electoral de 2027.

Incluso, el coordinador del gabinete estatal, José Luis García Parra lo tiene claro y prácticamente dio por perdida cualquier posibilidad de convencer a un sector de los detractores.
Estarán en contra ahora, durante la construcción y hasta que sea inaugurado.

Y seguramente después.

Hasta el momento el gobierno ha realizado seis mesas de trabajo, dos consultas públicas, cuenta con más de 70 estudios y responderá formalmente alrededor de mil 540 preguntas ciudadanas.

Incluso acudió al Congreso para enfrentar directamente los cuestionamientos de los diputados.

Pero para algunos nada alcanza, porque ya se politizó.

Se responde una acusación y aparece inmediatamente otra.

Se habló de 980 árboles afectados; el gobierno asegura que serán 77 trasplantados y que plantará 10 mil.

Se dijo que no existían estudios; García Parra afirma que existen más de 70.

Se acusó que comenzarían sin permisos; la respuesta es que únicamente iniciarán las estaciones que ya cuentan con las autorizaciones.

Entonces se cambia de argumento.

Eso se llama cerrazón.

Y cuando ninguna explicación puede modificar siquiera un centímetro la postura de quien pregunta, la discusión deja de ser exclusivamente sobre el Cablebús.

Se convierte en política.

La derecha poblana encontró una bandera perfecta para comenzar anticipadamente la guerra rumbo a 2027.

Necesita desgastar a Alejandro Armenta, pegarle a Morena y construir una narrativa de fracaso gubernamental antes de que lleguen las elecciones intermedias.

Por supuesto que Casa Aguayo no merece un cheque en blanco.

Estamos hablando de 6 mil 752 millones de pesos y semejante inversión obliga a transparentar contratos, permisos, estudios y avances.

Si algo está mal, debe señalarse.

García Parra tocó además un punto especialmente incómodo para sus adversarios: Puebla fue acostumbrada a relacionar las grandes obras con elefantes blancos y las inversiones multimillonarias con negocios desde el poder.

El Museo Internacional Barroco, el Tren Turístico Puebla-Cholula y el teleférico de Los Fuertes dejaron una herencia suficiente para que cualquier poblano sospeche cuando escucha miles de millones.

La ironía es que quienes gobernaron bajo esos colores ahora quieren explotar electoralmente la desconfianza.

Armenta tendrá que demostrar que esta historia será diferente.

El Cablebús deberá funcionar, mover personas, reducir tiempos y justificar hasta el último peso.

Pero la derecha también está jugando una apuesta peligrosa.

Tiempo al tiempo.