• 07 de Enero del 2026

Historia consciente y diplomacia previsora: una lectura suramericana desde la autonomía política

Foto: Especial

Márcia Batista Ramos[i]

Resumen: El presente ensayo propone una relectura crítica de la praxis diplomática y la conciencia histórica en Suramérica. A partir del diálogo entre el pensamiento clásico y la teoría crítica decolonial, se argumenta que la soberanía regional depende de una ruptura con la colonialidad del tiempo, transformando la memoria en una herramienta de previsión estratégica capaz de disputar lugar y sentido en el sistema-mundo contemporáneo.

Como advertía José Ortega y Gasset (1941), la historia no es un decorado inmóvil ni un archivo clausurado, es una materia viva que nos pertenece, pero cuya pertenencia exige un acto de conciencia. Sin embargo, en el escenario suramericano, esta "propiedad" de la historia —que Ortega reclamaba como responsabilidad activa— ha sido mediada por lo que Aníbal Quijano (2000) denomina la colonialidad del poder. Por ello, hacer consciente la historia en nuestra región no es solo un ejercicio de memoria, sino una operación de desobediencia epistémica (Mignolo, 2007) orientada a recuperar la capacidad de decisión histórica.

En paralelo, Salvador de Madariaga recordaba que la diplomacia no es mera administración del presente, sino el arte de prever lo que vendrá para sostener aquello que debe ser preservado. Leídas en conjunto, estas ideas convergen en una exigencia ética: la necesidad de pensar el tiempo como un continuo de decisiones donde la autonomía periférica (Jaguaribe, 1979) sea el norte estratégico.

  1. La historicidad como campo de batalla

Suramérica ha sido históricamente narrada desde una "modernidad prometida" que oculta lo que Enrique Dussel (1994) llama el encubrimiento del Otro. En este contexto, la "historia consciente" no es una cronología ordenada, sino una práctica crítica que revela las estructuras de dependencia que aún operan bajo nuevas formas de poder global. No basta con heredar una historia de luchas si no se la convierte en lo que Arturo Roig (1981) identifica como el reconocimiento de nosotros mismos como sujetos valiosos y soberanos.

Cuando la historia no se hace consciente, se degrada en repetición de ciclos de endeudamiento y fracturas internas que erosionan el tejido social. La ausencia de esta conciencia facilita la fragmentación regional, impidiendo la consolidación de un bloque sólido frente a las potencias hegemónicas.

  1. Diplomacia previsora y soberanía ontológica

Aquí es donde la reflexión de Madariaga sobre la previsión adquiere un peso estratégico, porque revela que prever no es adivinar el futuro, sino comprender las fuerzas que ya están en movimiento. En el caso suramericano, la diplomacia no puede limitarse a la gestión coyuntural de crisis; debe ser una herramienta de preservación de lo esencial como la autonomía, la diversidad y la dignidad de sus pueblos.

En ese sentido, la diplomacia previsora no es solo una practica estatal, sino una forma de soberanía ontológica: la capacidad de un pueblo de decir qué es irrenunciable en su devenir histórico.

Esta diplomacia previsora es inseparable de una lectura histórica lúcida que reconozca nuestras temporalidades heterogéneas (Zavaleta Mercado, 1986). La previsión implica saber qué no debe perderse en el camino de la globalización: saberes ancestrales y formas comunitarias que dialogan —en tensión— con la modernidad. Una diplomacia sin memoria se vuelve funcional a intereses ajenos, pues ignora las genealogías de desposesión que han marcado el pasado regional.

  1. Conclusión: La historia como praxis

En última instancia, el desafío consiste en transformar la historia en conciencia y la diplomacia en proyecto. Hacer consciente la historia es dotar a la política exterior de profundidad temporal; prever el futuro es impedir que la historia vuelva a escribirse como tragedia o como farsa. Solo allí donde el pasado es comprendido críticamente, el presente puede ser negociado con dignidad y el futuro, finalmente, imaginado como algo más que una promesa aplazada.

Referencias Bibliográficas

Dussel, E. (1994). 1492: El encubrimiento del Otro: Hacia el origen del mito de la Modernidad. La Paz: Plural Editores.

Jaguaribe, H. (1979). Autonomía periférica y hegemonía externa. Estudios Internacionales, 12(46), 191-230.

Mignolo, W. (2007). La idea de América Latina: la herida colonial y la opción decolonial. Barcelona: Gedisa.

Ortega y Gasset, J. (1941). Historia como sistema. Madrid: Revista de Occidente.

Quijano, A. (2000). Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina. En E. Lander (Ed.), La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales (pp. 201-246). Buenos Aires: CLACSO.

Roig, A. (1981). Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano. México: Fondo de Cultura Económica.

Zavaleta Mercado, R. (1986). Lo nacional-popular en Bolivia. México: Siglo XXI Editores.

 

[i] Márcia Batista Ramos, escritora y cónsul honoraria de Brasil en Oruro, Bolivia.