• 09 de Agosto del 2026

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«Las épocas no cambian cuando aparecen nuevas herramientas. Cambian cuando cambia la relación entre el ser humano y la técnica.»

Nadie pidió permiso para que aquellas células siguieran viviendo, simplemente no las permitieron morir. La historia de Henrietta Lacks suele narrarse como uno de los episodios fundacionales de la bioética contemporánea: una mujer afroestadounidense, enferma de cáncer, cuyas células fueron extraídas sin consentimiento en 1951 y cultivadas con éxito hasta convertirse en la primera línea celular humana inmortal. Sin embargo, reducir su legado a una cuestión de consentimiento médico o de reparación histórica resulta insuficiente. Lo que ocurrió con aquellas células excede la dimensión jurídica y nos obliga a pensar un problema mucho más profundo: el momento en que la vida comenzó a separarse de quien la habitaba para ingresar en una lógica autónoma de circulación, reproducción y aprovechamiento técnico.