Esto aplica tanto a los movimientos en el gabinete ampliado como a los del partido. La presidenta Claudia Sheinbaum hizo los cambios por una razón sencilla: quiere ganar las elecciones.
La premisa "primero la política, después la economía" sugiere que las decisiones gubernamentales, la estabilidad institucional y la voluntad política deben preceder y ordenar el desarrollo económico para asegurar el bienestar social. Esta postura sostiene que la economía no es un fin en sí misma, sino un medio moldeado por la política.
No se trata únicamente de una ruptura abrupta, ni de un cambio drástico e inesperado de dirección, las circunstancias pueden variar de manera inesperada, lo que exige una reevaluación de las estrategias y métodos utilizados.
En consecuencia, resulta fundamental estar completamente abierto y preparado para ajustar y transformar estrategias que no estén produciendo los resultados deseados. La conocida cita atribuida a Albert Einstein que reza “La definición de locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando resultados diferentes” resulta pertinente al analizar el ámbito de la política.
La presidenta nos dijo con claridad que quiere ganar la elección. Para eso mueve el gabinete y la estructura del partido. Me parece que la decisión es correcta.
En primer lugar, la política nos proporcionará estabilidad, eliminará la incertidumbre y promoverá el crecimiento. En segundo lugar, los movimientos ofrecerán a las instituciones una mayor solidez y certeza en relación con los resultados esperados. Tercero, se crea mayor interdependencia entre los poderes y las instituciones.
Me parece que lo que más convendría sería decirlo abiertamente. Es necesario dejar de simular y reconocer que somos un país presidencialista que no se ha transformado. La Cuatro Té aporta una visión social y humanista. Pero no un cambio de régimen.
Con la decisión de priorizar la política en lugar de la economía, México se alinea con la tendencia global. La dinámica del año 2026 continúa siguiendo este mismo patrón: los gobiernos están priorizando su supervivencia política y la defensa de las fronteras antes de intentar rescatar economías que enfrentan un bajo crecimiento y una inflación persistente.
La tendencia predominante en la actualidad es el nacionalismo pragmático. Los líderes tienden a priorizar el aseguramiento del control interno en lugar de expandirse hacia el mercado global. Estados Unidos: La administración vigente adopta un enfoque que prioriza la seguridad nacional sobre el libre comercio, manteniendo aranceles elevados a la tecnología procedente de China con el fin de salvaguardar la industria nacional. Esta estrategia define la agenda política del presente año.
En lo que respecta a la Unión Europea: El enfoque político ha cambiado hacia la soberanía energética. A raíz de las crisis de años anteriores, la política europea ha evolucionado para no centrarse únicamente en la sostenibilidad ambiental. Ahora se fundamenta en la implementación de leyes que promueven la reindustrialización dentro de Europa, con el objetivo de reducir la dependencia de Asia y Rusia.
A diferencia de Occidente, China lucha contra la caída de precios y una crisis inmobiliaria que no termina de sanar. Su economía está creciendo a tasas mucho menores que hace una década (cerca del 4%), lo que afecta a países exportadores de materias primas como Chile o Brasil.
Por lo tanto, dada la posibilidad de una recesión económica global, el problema de las tasas de interés y las medidas proteccionistas de los países industrializados, se toma la decisión adecuada: Ganar las elecciones intermedias y lo hacen desde su visión de partido de Estado.
El Congreso Nacional de Morena aplaudió el discurso de Ariadna Montiel. Ella nos dijo cómo sería la forma de actuar del partido: 1. Más territorio y base social, 2. Defensa de la soberanía y 3. Mantener el discurso de que el que no está conmigo está contra el pueblo bueno. Hacer del adversario una caricatura antipatriótica.
Tal vez se le olvidó que la mejor manera de defender la soberanía en este momento es quitarle elementos a Donald Trump para imponer sanciones económicas, por ejemplo, no defender a los corruptos. Después de todo, a Donald Trump le está funcionando: Estados Unidos creció en el último trimestre +2,66%, mientras que México decreció -0,8%.
















