La ultraderecha, representada en el “Movimiento Viva México”, tenía poca viabilidad en el actual espectro político. Verástegui consiguió seguidores debido a la radicalización de las narrativas en el país. Su irrupción fue coyuntural. Hizo ruido, pero no presento una propuesta sólida. Radicalizó temas y posturas y eso lo hizo visible. En el fondo su falta de experiencia política y el desfonde de sus, pocos, activos políticos lo doblegaron.
“Con partido o sin partido político —afirmó— seguiremos dando la batalla. Estaremos siempre del lado de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; del lado de la familia, de la verdad y de las libertades fundamentales. La lucha política, cultural y, sobre todo, espiritual, continúa y continuará mientras haya mexicanos dispuestos a defender lo bueno, lo bello y lo verdadero”.
Verástegui es un personaje polémico, especialmente debido a su intento fallido de acceder a la presidencia en 2024. En ese proceso, recibió una multa de 144 mil pesos por irregularidades en la recolección de firmas y enfrentó una investigación por posibles aportaciones ilegales provenientes del extranjero principalmente de grupos católicos y movimientos vinculados al Partido Republicano en Estados Unidos. Su estrategia fue torpe y los resultados naufragaron.
Su naturaleza como político es débil carece de fuerza y seguidores. La radicalización de su discurso no fue la opción que se requiere en la actualidad. La política llevada a los extremos convierte confronta, divide y las fuerzas políticas dejan de representar la pluralidad para ser voceros de una agenda alejada a los intereses nacionales.
La ultraderecha en el país, se encuentra cimentada en otras fuerzas políticas y poderes fácticos de abolengo. No es emergente, es de tradición y de costumbres arraigadas. Los grupos conservadores retoman las viejas estructuras como los Tecos, el Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO) y el Yunque. Algunos grupos de ultraderecha nacieron en el Occidente del país. La tendencia reciente va hacia arriba, pero en otro sector más especializado en el trabajo dentro y fuera de la clandestinidad.
El Yunque es desde los años 50 un grupo católico que orbita cerca de la Iglesia Católica, con movimientos de clandestinidad y conservador. Se opone al estado laico y a los grupos liberales, está en contra del aborto, promueven educación religiosa y rechaza el ejercicio libre de la sexualidad. En su esencia actúan con un espíritu de cruzada y van en contra de los enemigos de la fe.
Al final, Verástegui representó a la ultraderecha histriónica, la de declaraciones estridentes, retomar temas polémicos y apostarle a la polarización discursiva. En eso se ancló y terminó en un proyecto fallido sin historia, ni liderazgos funcionales.
@imendozape
















