Estos tres partidos, lejos de ser fuerzas emergentes, para oxigenar el sistema partidista en el país, son los resabios de amalgamas políticas de viejo cuño y mismas prácticas. No hay novedad. Los tres partidos son las sobras de los partidos tradicionales que le dieron vida al sistema político a lo largo de más de nueve décadas.
La disputa actual parte de una realidad adversa para la oposición: Morena gobierna 24 de las 32 entidades federativas y cuenta con una amplia estructura territorial y rompió récord en afiliaciones. Frente a esa fuerza, los minipartidos no solo buscan nuevos liderazgos y marcas electorales; también intentan conservar los espacios que todavía permanecen bajo su control como es el caso de emecé fundado por Dante Delgado Rannauro.
Sin embargo, la lectura para la oposición desde los centros de estudios políticos, indican que la chiquillada –término acuñado en la década de los 90, por parte de los panistas– se encuentra en una dicotomía de mantenerse con vida o ganar territorio. Se juegan posiciones relevantes en 2027 y no solo se alista el terreno para la elección presidencial de 2030. El objetivo inicial, dice, es mantener los cargos que ya tiene. Aunque se debe agregar que la oposición parece que cada vez es menos competitiva en algunas regiones del país. Eso no quiere decir que no haya estados donde la oposición sí pueda intentar ganar y busque ganar.
Otro punto en el que se juega la permanencia en el sistema electoral es que los minipartidos se convirtieron en “vampiros”, ya que están a la caza de militantes que se convierten en tránsfugas.
Aunque en el fondo, la elección de 2027 se vislumbra más como una oportunidad de arrebatarle el país al partido gobernante que una prueba para saber hasta dónde puede llegar la expansión de los partidos de oposición. Sin embargo, la atomización por los intereses y las minialianzas locales pintan un escenario de fragmentación de poderes en regiones.
Somos es el único de los dos nuevos institutos que puede considerarse abiertamente opositor a la cuatroté. Su principal objetivo apunta, será alcanzar el 3 por ciento de la votación para conservar el registro, aunque la imposibilidad de coaligarse limita sus posibilidades de conquistar distritos de mayoría.
El riesgo para el resto de la oposición es que Somos no necesariamente amplíe el electorado contrario a Morena, sino que divida el voto ya existente.
Y el partido de Eric Flores Cervantes es la versión reciclada de su partido que funciona como satélite y le abre puertas. Es la versión del proyecto personal de la familia Flores Cervantes para alcanzar cargos y hacer de aquel adagio, de la vieja política, su modus vivendi: “vivir fuera del erario es vivir en el error”.
















