No solo las principales figuras del Partido Demócrata, su oposición natural, han reprobado su actuar, sino también diversos actores políticos y medios de comunicación.
El próximo 20 de enero, Trump cumplirá un año de su segundo mandato no consecutivo en la Casa Blanca, y aún le quedan tres años más al frente de Estados Unidos, los cuales —con toda probabilidad— ha proyectado para desatar todavía más sus ambiciones beligerantes. Todo ello con la meta de alcanzar mayor popularidad, ya sea con miras a un eventual tercer periodo —si lograra modificar la Constitución y obtener una interpretación favorable que considere sus mandatos como no consecutivos— o para dejar a un sucesor afín a su pensamiento de derecha radical.
Sin embargo, mientras en el caso de Venezuela se ha analizado ampliamente lo que ocurre en torno a Estados Unidos y en el concierto internacional, lo cierto es que también habría que revisar con lupa cómo se perfilan las cosas para el magnate en la política doméstica.
Trump tiene frentes abiertos en múltiples direcciones y, a diferencia de otras democracias, el sistema estadounidense cuenta con diversos mecanismos que pueden, incluso, orillar a la terminación anticipada de un periodo presidencial.
Las decisiones también se juegan dentro de la Unión Americana y ahí, Donald Trump dista mucho de ser monedita de oro.
