Para nadie resultó sorpresivo el anuncio hecho el pasado viernes por Blanca Alcalá de renunciar a su añeja militancia de 40 años en el PRI para iniciar la aventura como la única mujer aspirante a abanderar a Acción Nacional en la próxima elección en la Angelópolis.
La declaración hecha ante las cámaras de Imagen Televisión en el noticiero diurno de Juan Carlos Valerio fue, más bien, la confirmación de una decisión que la exalcaldesa de Puebla ya había tomado desde hace meses, pero necesitaba que se cumplieran los tiempos para hacerla oficial.
Hasta ahora, Alcalá Ruiz era de los pocos liderazgos que se mantenía en las filas del Revolucionario Institucional en medio de la severa crisis en la que el tricolor está hundido, que lo tiene al borde de la extinción y que –todo indica– perderá su registro como partido político estatal en Puebla. Y, sin embargo.
A diferencia de otras tránsfugas y arribistas del PRI y a pesar de recibir muchas invitaciones de unirse a la 4T, Blanca Alcalá rechazó sumarse a Morena por congruencia y por mantenerse firme a sus convicciones personales y políticas.
La exsenadora nunca coqueteó con el Movimiento Regeneración Nacional ni se dejó ver cerca de algunos de personajes de este ni operó a favor del nuevo ‘partidazo’ en elecciones anteriores, como sí lo hicieron muchos de sus antiguos compañeros en el PRI.
No, Alcalá no se dejó seducir ni sucumbió ante el canto de las sirenas.
La primera mujer en llegar al Charlie Hall dejó atrás el famoso dicho del “poder por el poder”.
Y es que en los tiempos de la 4T ser congruente con tus ideales es un valor que pocos aplican y pregonan.
Blanca Alcalá tiene la dicha de poder presumirlo.
Como priista, la exdiputada federal fue de las pocas que le plantó cara al tirano Rafael Moreno Valle en las elecciones del 2016 en las que hizo un papel bastante digno como abanderada del Revolucionario Institucional y en las que fue víctima de todo el aparato del estado a disposición del fallecido exgobernador, quien hizo hasta lo imposible para entregarle el poder a su alfil, Tony Gali.
A pesar de los ataques misóginos que sufrió, amenazas en su contra y en contra de su familia y sinfín de campañas negras de las que fue objeto en medios de comunicación y redes sociales, Blanca no se echó para atrás y fue una de las primeras mujeres en denunciar todos los abusos de Moreno Valle y su séquito de hampones, quienes saquearon las arcas del estado.
Sí, Alcalá fue la primera víctima de violencia política de género en un proceso electoral.
Blanca nunca usó, a diferencia de muchas mujeres en la actualidad que se envuelven en la bandera de la VPG para amordazar a sus críticos o atentar contra la libre expresión, la carta del feminismo para victimizarse ni ganar espacios públicos por el simple hecho del género.
No, la exalcaldesa ha empoderado a las mujeres con hechos y acciones.
Cerca de 20 años después, la hoy expriista buscará regresar al Ayuntamiento de Puebla y desde ahí ser la figura emergente que podría encabezar una verdadera oposición a Morena, que hoy domina todo el tablero geopolítico de la entidad.
Los tiempos de Blanca Alcalá han llegado.
Off therecord
Un personaje que sigue tejiendo fino es Pepe Chedraui, quien este fin de semana avanzó otra casilla en su intento de repetir como candidato de Morena a la presidencia municipal de Puebla capital.
Y es que el actual edil de la Angelópolis estuvo presente este fin de semana en la segunda jornada de la Escuela Municipalista organizada por el CEN de Morena, en Oaxtepec, Morelos, que tuvo como principal invitada a la lideresa nacional del partido, María Luisa Alcalde.
En una pasada entrega de esta columna comenté que Chedraui Bubid fue el único político de la cúpula local morenista que fue recibido por el poderoso Andrés Manuel López Beltrán en su sigilosa visita a tierra poblanas en diciembre pasado.
El alcalde poblano está haciendo su ‘chamba’ y por ahora parece controlar su destino.
Veremos.
















