• 06 de Mayo del 2026
Miércoles, 06 Mayo 2026 19:52

El discurso de Sheinbaum del 5 de mayo: un mensaje militar estratégico

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El discurso de Sheinbaum del 5 de mayo: un mensaje militar estratégico Foto: Especial

El discurso del 5 de mayo dejó de ser este 2026 un acto conmemorativo para convertirse en una señal de posicionamiento político y militar estratégico. No es menor. Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum lanza una arenga que rebasa lo simbólico y se instala en el terreno de la defensa activa de la soberanía, el mensaje no sólo va dirigido al exterior, sino —sobre todo— hacia adentro.


México vive uno de sus episodios más tensos con Estados Unidos en décadas. Y no, no es exageración. La narrativa de la intervención, que parecía haber sido zanjada desde la pérdida de la mitad del territorio en 1847 o la Segunda Intervención Francesa en México, ha vuelto a la conversación pública, pero ahora con matices modernos: inteligencia, narcotráfico, acusaciones judiciales y presión diplomática.

La amenaza no está sólo en el discurso, sino en los hechos. La participación de agentes de la CIA en operativos dentro del país, las investigaciones abiertas en Estados Unidos contra políticos y, sobre todo, la acusación contra Rubén Rocha Moya —hoy gobernador con licencia— colocan al gobierno mexicano frente a una posición compleja, en la que la presión llega de fuera como un petardo lanzado a un polvorín de pueblo.

Ahí es donde el mensaje de Claudia Sheinbaum adquiere un tono distinto. Cuando afirma que “ninguna potencia extranjera nos va a decir cómo gobernarnos”, no sólo habla como jefa de Estado que defiende la soberanía de su pueblo, sino que advierte la vieja división entre liberales y conservadores —estigmatizados hoy en día como chairos y fifís—, y el regreso de estrategias intervencionistas como las que se han librado en el pasado.

Es cierto que existe un embate articulado desde la Casa Blanca contra México. Sin embargo, éste es posible porque ha encontrado cabida en las grietas de un sistema político fragmentado, dividido entre izquierda y derecha, en políticos inexpertos de la geopolítica dispuestos a “estallar” uno contra el otro al primer amago. La consecuencia: ninguno de los frentes ha logrado mirar más allá de la emergencia ni de la escalada mediática que profundiza las diferencias en México.

Debe observarse con claridad que el presidente Donald Trump no ha lanzado —sólo por lanzar— un petardo al polvorín político mexicano; sus intereses siempre van más allá. Basta tener presente el contexto internacional y los aires de supremacía imperial con los que el republicano asumió su segundo mandato. Sus objetivos no solo han apuntado a generar tensiones políticas con distintos países, sino, de manera particular, apoderarse de territorios —donde hay recursos energéticos y tierras raras como el Litio—. Están de ejemplo los países petroleros de Venezuela y Medio Oriente, así como su intentona de hacerse de Groenlandia, ya sea comprándola o ocupándola militarmente. Todo apunta a un eje estratégico de su política energética.

¿No sería, entonces, más factible para la Casa Blanca asegurar influencia sobre los recursos de México, en lugar de depender de rutas largas y costosas? Y, de paso, ¿Terminar con el respaldo a Cuba —y tomar control de la isla— mientras el país intenta resolver sus propios problemas internos?

El contexto sugiere que los movimientos del inquilino de la Casa Blanca no son improvisados, sino parte de una estrategia de largo alcance que ha encontrado en las grietas de la política y del narcotráfico un pretexto viable para detonar la división interna en México, esa misma que, en su miopía, otros ya se encargaron de sembrar en el discurso y en los hechos…

“La geopolítica es una cuestión de influencia. No podemos estar más seguros en el extranjero a menos que cambiemos nuestro comportamiento en casa”: Thomas L. Friedman (Periodista y escritor estadounidense).

Cuenta de X: @mecinas

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