Esa calificación es, además, histórica, por alta, de acuerdo con las distintas casas encuestadoras; incluso, por encima en 10 por ciento a la que consiguió, en su momento, el ahora ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
Las acusaciones delincuenciales contra el senador Adán Augusto López Hernández y su Grupo Tabasco; los señalamientos de tráfico de influencias y presunto involucramiento con la delincuencia, sobre el hijo del López Obrador; la vida de lujos y excesos de muchos de los funcionarios y representantes populares morenistas, son juicios populares que no se le adjudican a la jefa del Estado mexicano y las críticas, con sustento o inventadas, de la oposición, son balas cargadas de hiel que ni siquiera rozan a Sheinbaum.
Todo lo resume muy bien una frase de Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, analista y empresa que no son “cómodas” al régimen: “nada toca a la presidenta”.
Lo dijo Campos la semana pasada en varios espacios mediáticos, incluso aquellos que son beligerantes contra el gobierno federal, en los que ofrece cotidianamente entrevistas para dar a conocer las cifras de sus estudios demoscópicos.
Su aseveración es medible en sus propios análisis y en el de otras empresas.
El aval de las y los ciudadanos a la presidenta es consiste y el más alto que se pueda referenciar en la historia contemporánea de México, de entre 68 a 73 por ciento, al llegar a su segundo año de administración.
Mitofsky para “El Economista” ha reportado que la presidenta se mantiene, en promedio, por encima de 71.4 por ciento de opinión positiva.
El estudio mensual de “El Financiero” la ubica en 68 por ciento de aprobación.
En tanto, QM Estudios de Opinión, para El Heraldo Media Group, reportó 70 por ciento de aprobación nacional.
El estudio que Buendía y Márquez y Enkoll hacen para “El País” coloca la aceptación de Sheinbaum Pardo en 69 por ciento.
La encuesta de MetricsMx para el portal SDPnoticias dio como resultado 73 por ciento de aval ciudadano.
En la mayoría de los análisis, la alta calificación presidencial, a pesar de los escándalos relacionados con integrantes del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), se explica porque Claudia Sheinbaum es vista como una presidenta de resultados y como eje de las soluciones del país y no de sus problemas.
Su imagen personal, de sobriedad y pulcritud en el cumplimiento de los principios de la Cuarta Transformación (4T), también la ayudan al igual que el género.
Ahora bien, que la presidenta siga repelente a los escándalos de su partido, no es un salvoconducto para que sigan ocurriendo.
De ahí, la advertencia de la presidenta de Morena, Ariadna Ayala Montiel, de que no se permitirán más excesos ni personas con pasados inconfesables.
La ruta al 2027 observa y espera.
















