• 16 de Abril del 2026

Umi Choda, identidad entre dos culturas y vocación pública

La directora del Centro Poblano de Salud Mental Integral tiene una trayectoria que combina disciplina deportiva, formación psicológica y una experiencia binacional que marca su carácter, su mirada sobre la salud mental y su paso por el servicio público


Umi Choda Morales ha construido una identidad marcada por la dualidad cultural al crecer entre México y Japón, condición que la colocó desde la infancia en una posición de extrañeza que, con el tiempo, transformó en una herramienta de adaptación y lectura de contextos diversos.



La psicóloga poblana narró que su nombre, sus rasgos y su historia familiar la ubican como distinta en ambos países, situación que generó tensiones durante la niñez, pero que derivó en una capacidad para transitar entre códigos culturales con disciplina y conciencia de sí misma.



Su formación familiar combina la exigencia de una madre mexicana, Judith Morales López, con el rigor ético de un padre japonés, Koichi Choda Watanabe, maestro de karate, quien estableció principios claros centrados en la honestidad y la responsabilidad como ejes de vida.}



La figura paterna operó como guía moral mientras la estructura cotidiana recayó en una crianza estricta que fortaleció su carácter, en un entorno donde la disciplina no se negoció y donde el desempeño personal se vinculó con la representación del apellido familiar.

El vínculo con Japón se consolidó a través de estancias recurrentes desde la infancia, estrategia impulsada por su padre para fortalecer el idioma y la pertenencia cultural, experiencia que la llevó a enfrentar barreras lingüísticas y sociales en un entorno igualmente ajeno.



En ese tránsito binacional, Choda Morales identificó la influencia japonesa en su apego al orden, los procesos y la estructura, mientras que la cultura mexicana aportó elementos de cercanía, afecto y sentido comunitario que definieron su forma de relacionarse.

La herencia familiar incluyó la historia de su abuelo, veterano de la Segunda Guerra Mundial, quien al regresar a Japón abrió un negocio propio, decisión que se convirtió en referente de autonomía y construcción de un camino individual fuera de las estructuras tradicionales.



Dentro de esa línea, Umi asumió el peso simbólico de ser la última portadora del apellido Choda, condición derivada de normas culturales japonesas que impiden la continuidad del linaje en mujeres tras el matrimonio, lo que configuró una expectativa de preservación simbólica.



El deporte se integró a su vida desde la primera infancia, con el karate como práctica central que evolucionó de una obligación familiar a una elección personal, proceso que culminó en competencias nacionales e internacionales con resultados destacados.

Su trayectoria deportiva alcanzó un punto relevante en el campeonato mundial de 2006 en Tokio, donde obtuvo dos medallas de plata en la disciplina de Shito-Ryu, consolidando una etapa de alto rendimiento que posteriormente dejó para priorizar su formación académica.



La experiencia en combate, modalidad que privilegió por su componente estratégico, aportó herramientas de control emocional, lectura del adversario y toma de decisiones bajo presión, habilidades que trasladó a su vida profesional.



En el ámbito académico, su carrera en psicología se orientó hacia el trabajo con niñas, niños y adolescentes, etapa en la que también ejerció como docente y participó en el desarrollo de políticas de inclusión vinculadas a la diversidad en el aprendizaje.

 

 

El CEPOSAMI



Ese recorrido derivó en su incorporación al servicio público como directora del Centro Poblano de Salud Mental Integral (CEPOSAMI), un modelo que surgió desde cero con base en evidencia científica y enfoques no estigmatizantes, comunitarios y multidisciplinarios, un proyecto que tuvo también la visión inicial de Ceci Arellano, presidenta del Patronato del Sistema Estatal DIF, y esposa del gobernador Alejandro Armenta.

Desde esa posición, encabeza la implementación de un sistema que atendió trastornos del neurodesarrollo y problemáticas psicoafectivas, con énfasis en diagnóstico oportuno y tratamiento integral para población infantil y juvenil.

Choda Morales asumió el cargo como una responsabilidad institucional vinculada a una visión de largo alcance, centrada en consolidar un modelo replicable que integrara educación, salud y seguridad en la atención de la salud mental.

Su desempeño en el servicio público se desarrolla bajo esquemas de alta exigencia, dinámica que identificó como un entorno propicio para el crecimiento profesional y la mejora continua dentro de un proyecto con impacto social.



La funcionaria mantuvo su enfoque en la consolidación del CEPOSAMI y en la transformación del abordaje de la salud mental, sin proyectar una carrera política inmediata, aunque reconoció que su trayectoria se definió en función de procesos cambiantes.

La historia de Umi Choda Morales sintetiza la convergencia entre disciplina, identidad cultural y vocación pública, en un recorrido donde la exigencia personal operó como hilo conductor de su desarrollo profesional y humano.