• 27 de Agosto del 2026
Álvaro Ramírez Velasco

Álvaro Ramírez Velasco

Sin quitar la mirada del papel que fue colocado sobre su atril, como si se tratara de un completo desconocido, de quien por primera vez pronunciará el nombre, el presidente Andrés Manuel López Obrador leyó pausadamente “Ig-na-cio Mier Ve-laz-co, de Pueblo -pareciera que equivocó-, Puebla -corrigió-, de Zaragoza”.

Cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador reciba, este jueves, en Palacio Nacional a los integrantes de sus bancadas en la Cámara de Diputados, para “agradecerles” su “esfuerzo” en la malograda Reforma Eléctrica y sus votos a favor para la aprobación de la iniciativa que nacionalizó la cadena de producción del litio, seguramente habrá, en corto -posiblemente en privado-, palabras y encargos para el diputado federal Leonel Godoy Rangel.

Luego del rechazo en la Cámara de Diputados de su Reforma Eléctrica y el fracaso de sus bancadas para cabildear con una oposición, ahora empoderada y envalentonada, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha decidido que sus otras dos iniciativas constitucionales las opere la mayoría del Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y su coordinador, Ricardo Monreal Ávila, en el Senado de la República.

El pronóstico que hace un par de días realizó el mandatario poblano, Miguel Barbosa Huerta, de que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), entendido en su extensión como el lopezobradorismo, podría llegar a tener 24 de las 32 gubernaturas del país en 2024, no solamente está en el escenario de lo muy posible, sino que para algunos ojos puede ser, incluso, conservador.

Cuando eres el principal responsable de echar a la basura más de seis meses y medio de negociaciones, de tejido fino, del secretario de Gobernación y conviertes a tu Presidente de la República en el primero en la historia a quien le desechan una iniciativa constitucional, no puedes suponer que mereces deferencias o medallas.

La falta de oficio político y la inexperiencia del coordinador de los diputados federales de Morena en el Palacio Legislativo de la Ciudad de México, el poblano Moisés Ignacio Mier Velazco, quedó sobradamente exhibida este lunes, cuando con precocidad y torpeza, primero, quiso llamar a la votación de la Reforma Eléctrica en el Pleno para este martes, pero, minutos después, con evidencia de que fue reconvenido desde la Secretaría de Gobernación (Segob) y por sus propios compañeros, reculó para convocar para el próximo domingo.

La oposición bien podría, en lugar de lanzar lastimeras quejas contra el Presidente y empeñarse en su estéril convocatoria a no participar en la Consulta Popular sobre Revocación de Mandato, ocuparse en analizar cuántos, quiénes, en dónde y cómo acuden a las mesas receptoras de todo el país, en este ejercicio, para ir perfilando estrategias electorales eficientes hacia junio próximo para las elecciones en seis estados, hacia los procesos de 2023 en el Estado de México y Coahuila y, especialmente, hacia 2024.

Colgados de las estructuras públicas docente y administrativa, lo que configura el desvío de recursos públicos para fines políticos, los actuales dirigentes de las dos secciones de Puebla del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) operan la campaña de promoción del coordinador de los diputados federales de Morena, Moisés Ignacio Mier Velazco.

La destitución por parte del Poder Legislativo local, con asepsias parlamentaria y jurídica, del ahora ex titular de la Auditoría Superior del Estado (ASE), Francisco Romero Serrano, deja varias inequívocas lecturas y, entre ellas, la más clara es que el gobernador Miguel Barbosa Huerta y su administración viven el mayor momento de control político de la entidad.

Los falsos defensores del campo, personajes de un pasado rancio que se beneficiaban con tajadas de los programas agropecuarios gubernamentales, pretenden presionar a los gobiernos federal y estatal para, con absoluto descaro, reeditar el esquema de “cuotas de apoyos”, con que se enriquecieron en el priato y el morenovallismo.

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