• 26 de Enero del 2026
Israel Mendoza Pérez

Israel Mendoza Pérez

La petición de los familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos, el 26 de septiembre de 2014, por la reincorporación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) es un retorno al pasado. El equipo designado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 2014, tuvo aportaciones, pero también presentó fallas y terminó politizado.

La inestabilidad política de Movimiento Ciudadano en Veracruz comienza a preocupar a los más cercanos al fundador del partido, fosfo-fosfo, Dante Delgado, quienes advirtieron, durante el pasado proceso electoral, de fragilidad en el partido por la inoperancia directa del coordinador nacional Jorge Álvarez Máynez, en uno de los estados considerado bastión del partido.

Sin importar la decisión del juez en el caso del exgobernador, Javier Duarte, de otorgarle libertad anticipada por los delitos de asociación delictuosa y lavado de dinero, la deuda moral en los casos de desaparecidos durante su sexenio, en Veracruz, son una afrenta y un macabro atraso, latente, en el cumplimiento de las leyes.
La actitud insensible de Rosario Piedra, presidenta de la CNDH, frente al asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, es la confirmación de la apatía a la agenda de seguridad del país. Mientras el gobierno federal reconfigura su estrategia de pacificación en Michoacán, la ombudsman no se atrevió a condenar el acto de violencia en contra del presidente municipal.
Con la estrategia de meter ruido en la alianza encabezada por Morena, con el PVEM y el PT, construida en 2018 para llegar a la presidencia, ahora, Jorge Álvarez Máynez le abre las puertas a Alberto Anaya, inamovible dirigente del PT, para impulsar un proyecto en conjunto en elecciones futuras. La elemental consigna de “divide y vencerás” es una jugada para quitarle al partido fosfo-fosfo el estigma de simpatizante de la derecha.

El camino de reestructuración panista debe desechar los últimos resabios de la corriente ultraderechista asentada en Jalisco, incrustada en el partido y generadora de la imagen de partido conservador. La presencia de Emilio González Márquez, exgobernador de la entidad como panista crítico a la actual dirigencia nacional y estatal lo ubican en el foco, pero su influencia es nimia y su discurso va en sentido contrario a la renovación blanquiazul.

Convertido en un tribunal electoral con afinidades diáfanas a la cuatroté, la etapa presidida por la magistrada Mónica Soto es de las más controversiales. Encargada de jugar doble cara al interior del Poder Judicial, durante la candente discusión de la Reforma Judicial, la presidenta del TEPJF dejará el cargo con lesiones institucionales y la incongruencia de despreciar la austeridad.

A cuentagotas, los escándalos de opulencia y excentricidades millonarias comenzaron a golpear la estructura del Partido del Trabajo. Alberto Anaya, el inamovible dirigente partidista, se encuentra en el centro de los escándalos protagonizados por Gerardo Fernández Noroña. Sin embargo, el silencio cómplice lo arrastra entre el discurso falsario de austeridad y la veleidad de ser el partido cuatroté.

En Morena le dieron cobijo político a su grupo compacto, cargo y reflector al diputado Hugo Eric Flores Cervantes, tras fracasar con sus partidos políticos. Y aun así, está incómodo. Su discurso y ambiciones no comulgan con la cuatroté. Su línea de pensamiento de conservadurismo-cristiano y sus nexos con la derecha de EU son componentes riesgosos al interior del partido guinda.

Su reciente declaración de que 70 por ciento del país está gobernado por el narcotráfico, está en sintonía con las declaraciones del gobierno de Donald Trump. Esto se debe a que Flores Cervantes se relacionó con grupos radicales de la derecha norteamericana durante su paso por la universidad de Harvard y su trabajo es mantener ese discurso conservador aunque Morena se declara un partido liberal.

Hace un semestre, la expresión de Donald Trump, respecto a que “desde hace años, pero ahora especialmente, México está dirigido por los carteles”, tensó la relación bilateral. Ahora, Flores Cervantes, desde el interior de Morena, repite en el mismo sentido la declaración, pero sin empacho pone el porcentaje y no se retracta. Alude al pasado reciente y al presente.

Para Ricardo Monreal la cifra fue desproporcionada y “fuera de toda dimensión y el que él afirme que el 70 por ciento del territorio está dominado por el crimen organizado. No sé qué pruebas tenga y no sé si tenga cómo hacer creíble su dicho”.

No es la primera vez que el coordinador de los morenistas en San Lázaro tiene que salir a aplacar las estridencias de Flores Cervantes. Cuando el exdirigente del PES expresó que tiene la intención de fundar un tercer partido, pero desde la base que Morena le facilitó luego del naufragio de sus partidos políticos, muestra que sus intenciones de ser presidente de México no se han borrado de su mente. Desde su época de estudiante de secundaria, decía en serio que quería ser presidente y eso ambiciona.

Sin embargo, ser diputado es nimio para él. Sus aspiraciones son de altos vuelos. Aunque en el camino se enfrente a la realidad de que Morena es el partido que apuesta a tener más de 10 millones de militantes, mientras que el PES, y sus mutaciones, se queda en el tamaño de partido familiar.

La declaración de Flores Cervantes no ayuda a Morena. Al contrario, le da oxígeno al fraseo de la oposición de que el narcotráfico se filtró, en años recientes, a las estructuras de gobierno y a la billetera de personajes políticos. El diputado morenista es un riesgo en las filas del partido.

Incluso, al señalar que “el crimen organizado se ha convertido en una fuerza política que influye directamente en la toma de decisiones públicas y en la elección de autoridades locales, alterando la estructura democrática en varias regiones del territorio mexicano”, deja claro que Flores Cervantes es un troyano contumaz y eso no se quita ni con el tiempo ni con los cargos.

Israel Mendoza Pérez
@imendozape

El optimismo de Jorge Álvarez Máynez, dirigente de emecé, se desencaja. Su dirigencia se enfila al descrédito pleno y la relación de uno de sus integrantes, con el crimen organizado, se confirma con la investigación de la Fiscalía General de la República (FGR) en el caso Teuchitlán.

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