La intención del ahora conocido como “El Varguitas Constructor” es imponer una planilla de incondicionales suyos, que le permita seguir manejando, con fines aviesos e intereses personales, la delegación poblana.
Solamente hay que recordar que, entre el gran y grave rosario de irregularidades de Gustavo Vargas Constantini, está el retraso y sobrecostos en la construcción del Mercado de Huauchinango, municipio que gobernó su papá, cuyo solo nombre es una mancha para la Cuarta Transformación (4T), además de una afrenta a la política de honestidad que las actuales administraciones estatal y federal han impreso a sus ejercicios.
Aunado al desprestigio familiar y un cúmulo de anomalías que han ameritado observaciones de instancias estatales y federales, hay la alerta de que Vargas Constantini y los suyos intentarán reventar la elección de la CMIC, en la que desde ahorita ya ve derrotado.
¿Con qué autoridad moral un personaje de esta calaña puede aspirar a encabezar a los constructores en Puebla?, es la pregunta que se hacen propios y extraños y la respuesta es sencilla: no tiene cara para esa pretensión.
















