• 31 de Mayo del 2026

Prejuicios y otras formas de volar

Foto: Especial

Hoy, comienzo con una  confesión: la primera vez que vi a una amiga subir un video haciendo pole dance en redes sociales creí sentir pena ajena, después me di cuenta que en realidad eran prejuicios acumulados.


Mientras ella giraba segura, fuerte, hermosa y dueña de su cuerpo, yo descubrí que todavía llevaba encima pequeños restos de una educación vieja: esa que nos enseñó a mirar la sensualidad femenina con sospecha, como si una mujer segura de sí misma automáticamente estuviera “provocando” no solamente bajas pasiones sino, provocando nuevas formas de mirar el mundo y mostrarse ante él. Una forma de decirle a la sociedad que no todo está escrito.

Luego seguí viendo el video y comencé a reconocer una fuerza física brutal. Además de coordinación, resistencia, flexibilidad.

Descubrí un entrenamiento que exige abdomen, espalda, piernas, equilibrio y una capacidad cardiovascular comparable con disciplinas atléticas de alto rendimiento, como el de las gimnastas. El pole dance no es improvisación: requiere horas de técnica, control corporal, acondicionamiento físico y compromiso.

De hecho, investigaciones publicadas en el Journal of Strength and Conditioning Research y en estudios sobre acondicionamiento funcional han señalado que el pole fitness mejora significativamente fuerza muscular, movilidad, conciencia corporal y autoestima, además de reducir estrés y ansiedad. No es casualidad que cada vez más fisioterapeutas y entrenadores lo reconozcan como una disciplina deportiva completa.

Sin embargo,  lo más interesante no ocurre en los músculos, ocurre en la mente. Porque el pole dance también rompe algo invisible: la vergüenza aprendida sobre el cuerpo femenino.

Durante décadas nos enseñaron que había movimientos “correctos” para una mujer y otros que debían esconderse. Que la sensualidad debía administrarse con culpa. Que mostrarse demasiado segura podía ser confundido con provocación, vulgaridad y mal gusto.

Por eso el pole dance todavía sigue siendo censurado en las sobremesas y charlas cotidianas: porque mezcla fuerza y sensualidad sin tener que disculparse por ninguna de las dos.

Actualmente muchas mujeres llegan al pole dance buscando ejercicio y terminan encontrando algo mucho más profundo: una auténtica reconciliación emocional con su cuerpo y, en muchos casos, una nueva manera de relacionarse consigo mismas, con su autoestima y hasta con sus parejas.

Algunas descubren ritmo, otras valentía y muchas más encuentran seguridad porque, por primera vez, entienden que son mucho más fuertes de lo que imaginaban. Esta disciplina también abona a la sororidad, porque muchas mujeres encuentran un lugar seguro para descubrir nuevas formas de conocer su cuerpo, aceptarlo y al mismo tiempo motivar a otras a hacerlo.

La bailarina y coreógrafa estadounidense Martha Graham consideraba el cuerpo como un instrumento de revelación emocional, capaz de comunicar verdades internas que el lenguaje hablado suele ocultar.  Para Graham, el movimiento no mentía; era un "barómetro que revela el clima del alma".

Quizá por eso mi amiga sonreía así en su video. Ella, no estaba intentando seducir al mundo.
Estaba celebrándose y enfrentando desafíos muy profundos.

Y siempre será inspirador que una mujer que deja de esconderse dentro de sí misma abrace su fuerza, su sensualidad y su libertad, y luego tenga el valor de compartir esa luz con las demás.