• 16 de Mayo del 2026
TGP
Adela Ramírez

Adela Ramírez

Hay fenómenos que no se explican con estadísticas, se explican con lágrimas, gritos, emoción y ambiente mexicano.

He pensado que ser mamá debería requerir un certificado de idoneidad. Uno serio, exhaustivo. Casi imposible de conseguir.

Hay algo que no te dicen cuando te autocobras un boleto en el cine: no es tan cómodo, ni cálido, ni sencillo, es más bien una señal de que el tiempo ha pasado.

Hay historias que perturban… y precisamente por eso deben contarse, porque en ellas también hay aprendizaje.

Hay algo inquietante en el arte: nunca muere del todo.

Cada 8 de marzo se habla de mujeres que abren camino. De las que llegan primero, de las que rompen techos que parecían imposibles. Pero a veces las historias que mejor explican lo que significa abrir una puerta no nacen en los grandes discursos ni en los foros internacionales. A veces nacen en un dojang, sobre el tatami, después de años de disciplina, de caídas y de volver a levantarse.

Era 1975 cuando la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el Año Internacional de la Mujer, medio siglo después encontramos personajes clave en esa lucha donde las mujeres han roto barreras y después de décadas se han convertido en “las primeras” en llegar a metas, que eran exclusivas para los hombres, una de ellas, Blanca Alcalá, quien fue la primera presidenta municipal de Puebla a pesar de todas las barreras que tuvo que romper.

No lograba entender la pregunta.

Soy mujer, mamá de una joven, jefa de familia. Escribo. Pensé que mi manera de vivir, mis columnas y mis artículos gritaban algo evidente: que soy una mujer que ha reflexionado sobre su tiempo y sobre las luchas de otras mujeres.

Hubo un momento en que la ciencia quiso encontrar respuestas dentro del cerebro de Jeffrey Dahmer. Como si el horror pudiera localizarse en un pliegue exacto, como si bastara señalar una región defectuosa para explicar por qué un ser humano es capaz de asesinar, desmembrar y hasta devorar a otro.

En el marco de la celebración de San Valentín, llega a las salas de cine una historia que se niega a morir, pero ¿qué buscamos cuando revivimos una trama de amor tormentoso que fue escrita en 1847? La respuesta está, quizá en lo que el cerebro sigue procesando cuando se enfrenta a emociones que no terminan de ordenarse.

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