• 11 de Agosto del 2026
Adela Ramírez

Adela Ramírez

Durante años se repitió como una especie de fórmula mágica: “Que hablen bien o mal, pero que hablen”. Según la mercadotecnia, para quienes buscaban fama y quienes querían convertir su nombre en una marca, la fórmula parecía sencilla: mientras más se hable de ti, más importante eres. Pero las redes sociales cambiaron las reglas del juego.

La mayoría de las películas terminan cuando aparecen los créditos. Otras comienzan justamente cuando desaparecen. Jirón de niebla, la última obra del maestro del terror mexicano Carlos Enrique Taboada, pertenece a esa rara categoría de historias donde el mayor misterio se encuentra precisamente en el silencio que la rodeó durante décadas.

Hay personas que pasan gran parte de su vida intentando demostrar algo que siempre fue verdad. Margaret Keane fue una de ellas.

Para muchas sociedades toda innovación comienza como una herejía.

El rojo fue importante mucho antes de que existieran los poemas, las rosas de San Valentín o el labial.

  • Cada vez que rueda un balón, millones de personas detienen el mundo y durante los últimos días hemos sido testigos de esta dinámica mundialista.

Dicen que todos somos diferentes. La ciencia responde: sí... pero muchísimo menos de lo que imaginamos.

Una fotografía, un gesto con las manos y millones de personas intentando descifrar un supuesto mensaje oculto. Así de fácil se activa una de las características más antiguas y fascinantes del ser humano: nuestra necesidad de encontrar misterios en todas partes.

Durante mucho tiempo se ha romantizado la idea de que el amor verdadero es arrebatado, caótico e incluso doloroso. La cultura popular nos enseñó que los grandes amores se viven al borde del abismo emocional, como si el sufrimiento fuera una prueba de autenticidad, eso acompañado de las religiones y el cine Hollywoodense nos llevó a construir ideas, que ahora comienzan a deconstruirse.

Hay dolores que se reconocen de inmediato. Puede ser una pierna rota, una cirugía o un diagnóstico médico, y nadie cuestiona el tiempo que una persona necesita para recuperarse de ellos.

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