• 27 de Septiembre del 2026

Monogamia: ¿regla o decisión?

Foto: Especial

La No monogamia es una de estas palabras nuevas que ya se cuelan en las conversaciones cotidianas, en las redes sociales y, por supuesto, también en el teatro. Porque el amor, también cambia con los tiempos.


Anteriormente, hablar de una pareja incluía a dos personas, exclusividad, fidelidad, planes compartidos y una promesa eterna, explícita o silenciosa, de no mirar hacia otro lado. La monogamia venía incluida, como si amar y ser monógamo fueran dos maneras de decir exactamente lo mismo.


Pero, las reglas cambiaron igual que el mundo que nos rodea.


Hoy se habla de poliamor, de relaciones abiertas, de acuerdos afectivos y de no monogamia. Me ocurrió apenas. Alguien me invitó al cine, confieso que me emocionó la idea de compartir una tarde de sábado en completo romance, cuando ya estaba pensando qué ponerme, el acompañante en cuestión me platicó sobre su novia y me advirtió: soy no monógamo. Con completa honestidad me comentó que su novia sabía de mí y que, para ellos, entre sus acuerdos, estaba salir con más personas. Con la misma sinceridad, le dije: gracias no, pertenezco a la generación X, y soy más tradicional.


Me quedé pensando en el tema y no, no encontré cabida para una relación de ese tipo, sin embargo, valoré mucho la honestidad y naturalidad con la que me habló.


Me pregunto si para las nuevas generaciones también resulte antiguo cuestionarse: ¿cómo queremos amar?


Y esa misma interrogante llegó al escenario del teatro de una universidad privada de la mano de ConstruArte, con Monogamia, una puesta en escena que lleva 13 años en cartelera y que ha sabido cambiar algunos detalles para no quedarse atrapada en una época.


Las canciones cambian, las referencias culturales también. Lo que en algún momento fue Paloma San Basilio puede convertirse en Ricardo Arjona o Bad Bunny; las alusiones que alguna vez pertenecieron a una generación son sustituidas por otras que reconocen las nuevas. La historia, sin embargo, permanece.


Vladimir Villegas
, director y actor ConstruArte, explica que la obra parte de mostrar a la monogamia como una decisión personal y también una forma de respeto hacia la pareja. La puesta en escena incluso plantea la hipótesis de que el ser humano no es monógamo por naturaleza y que la exclusividad es una construcción que elegimos para vivir una relación.


Pero, si la monogamia es una decisión, entonces no tendría que ser una costumbre que se acepta sin preguntar. Es una elección. Una que puede ser difícil, como reconoce el histrión, pero no imposible.


Si alguien decide vivir una relación no monógama, la discusión tampoco tendría que reducirse a etiquetas. Hay preguntas que siguen siendo indispensables, independientemente de la forma que tenga una pareja: ¿hay acuerdo?, ¿hay honestidad?, ¿hay respeto?, ¿hay libertad para decir que sí, pero también para decir que no?


Tal vez el amor no necesite tantas reglas como conversaciones.


Porque también existe esa otra clase de amor que rara vez entra en nuestros debates sobre monogamia: el que se construye entre hermanos.


Ese vínculo que puede pasar del abrazo al pleito en cuestión de minutos y, aun así, permanecer. El que conoce nuestros defectos desde antes de que aprendiéramos a esconderlos. El que sobrevive a los años, a las distancias y a esas discusiones familiares que parecían definitivas y casi nunca lo son.


Monogamia
pone sobre la mesa el amor de pareja, pero también permite recordar que amar no es una sola experiencia ni todos los afectos obedecen las mismas reglas.


Es maravilloso comprobar, sentados en la butaca, que el teatro resulta un lugar propicio para hablar de estas cosas. Sobre el escenario nadie tiene que explicarnos cómo debemos sentir. Los personajes hacen lo suyo y nosotros completamos la historia con nuestras propias preguntas.


Vladimir Villegas lleva 43 años haciendo teatro. Comenzó en 1983 y ha visto pasar generaciones enteras frente y detrás del escenario. Ha enseñado, actuado y acompañado a otros a descubrir ese extraño oficio de convertirse por un momento en alguien más.


Y sabe también que el teatro necesita algo que no aparece en ningún guion: al público.


Para él, el cariño de quienes asisten a una función no es vanidad ni simple reconocimiento. Lo describe como una necesidad vital, una especie de alimento que llega durante la representación y permanece después de que las luces se apagan.


El aplauso alimenta el alma
, comparte el actor.


La frase podría quedarse solamente en el teatro, pero quizá también tenga algo que decirnos sobre el amor.


Hablamos mucho de exclusividad, de fidelidad, de libertad y de nuevas formas de relacionarnos. Sin embargo, detrás de todas esas palabras hay personas que quieren exactamente lo mismo que han querido durante siglos: sentirse escuchadas, respetadas, elegidas y libres de ser quienes son.


Eso es lo relevante, no en decidir si la monogamia es antigua o si la no monogamia es moderna. No en encontrar una fórmula que funcione para todos, porque probablemente no existe.


Al finalizar la puesta en escena, los aplausos llenaron el recinto, los actores agradecieron y al final las luces se apagaron, pero, dejaron una pregunta incisiva en mi mente… la relación que tenemos, sea cual sea su nombre, es realmente la que elegimos o la que aprendimos.


Pensarlo
, al menos, ya es una manera de empezar a elegir.