No todo dolor quiere ser curado o busca consuelo. Hay heridas que piden otra cosa como, no ser negadas, no ser usadas, no ser empujadas al margen del discurso. Nombrarlas sin aspavientos ya es un gesto de cuidado, aunque no sane, aunque no calme, las reconoce sin traicionarlas y eso basta.
Vivimos en un tiempo que exige respuestas rápidas, posiciones firmes, banderas claras. Pero la fragilidad no entiende de consignas. Se filtra en los gestos mínimos como en el cansancio de los cuerpos, en la mirada que duda antes de responder, en el silencio que no es indiferencia sino cuidado y cimiento.
Estamos atravesados por el miedo, el dolor y la intolerancia. Miedo al otro, a lo distinto, a perder lo poco que todavía sostenemos. Pero el miedo no es el enemigo. El verdadero enemigo, es la forma en que administramos el miedo, cuando lo volvemos frontera o excusa para la intolerancia. Reconocer la fragilidad compartida no nos vuelve más débiles, apenas nos hace responsables.
Cuidar no es salvar. A veces, es no agravar. Es aprender a estar sin invadir, a escuchar sin apropiarse del dolor ajeno. Cuidar es como sostener la intemperie sin convertirla en espectáculo. Hay un cuidado silencioso que acompaña. Por eso cuidar es la ética de la atención.
La vida en común es fricción. Porque pensar juntos implica aceptar el desacuerdo, tolerar, renunciar a la ilusión de una verdad única que nos tranquilice. Porque pensar juntos no es pensar lo mismo. El otro no está para confirmarnos, sino para recordarnos que el mundo no nos pertenece.
Tal vez vivir sea insistir en un nosotros precario, sabiendo que puede romperse. No por esperanza ingenua, sino por una ética mínima: no añadir más violencia a lo que ya duele. Permanecer. Cuidar. Pensar. Incluso —sobre todo— cuando no hay promesas.
Por eso no prometo consuelo. Solo ofrezco un lugar donde la palabra no tapa el dolor, pero tampoco lo explota; donde la fragilidad no es derrota, sino condición; donde la vida en común sigue siendo un riesgo, pero también una decisión que se renueva cada día, incluso cuando el mundo aprieta.
















