En un discurso de más de dos horas, el realizador de Amores perros compartió pasajes íntimos de su vida personal y profesional, además de reflexionar sobre el lenguaje y el misterio del séptimo arte.
Durante su intervención, el ganador del Oscar habló sobre el significado del cine como una extensión de la vida misma. “El cine es el arte más cercano a la vida”, afirmó, al señalar que tanto la existencia como el cine dependen de la luz y de explorar aquello que apenas puede percibirse.
Las emociones afloraron cuando recordó a las personas desaparecidas en México, tema al que dedicó su instalación “Carne y arena”, reconocida internacionalmente.
Iñárritu confesó que inicialmente rechazó la invitación para integrarse a El Colegio Nacional, propuesta impulsada por el escritor Juan Villoro, debido a que no se consideraba merecedor de un lugar entre “mentes tan brillantes”.
Aseguró que no es “un hombre de palabras”, sino de imágenes, planos y silencios, elementos que —dijo— construyen su narrativa cinematográfica. Como parte de su cátedra, proyectó escenas de sus películas, incluida una secuencia inédita.
El director también evocó sus años de juventud y cómo las limitaciones económicas despertaron su curiosidad artística. Recordó que encontró inspiración en lecturas como El Aleph y en las funciones de la Cineteca Nacional, donde descubrió el trabajo de cineastas como Ingmar Bergman y Federico Fellini. Con ello, aseguró, formó parte de una generación de jóvenes mexicanos marcada por una visión cosmopolita del cine y la cultura.














