• 20 de Junio del 2026
Felipe Ponce Mecinas

Felipe Ponce Mecinas

Apenas arrancó el 2026 y en Puebla los morenistas ya comenzaron a darse puntapiés bajo la mesa. No es para menos: aunque el proceso electoral formal será hasta 2027, las definiciones reales —las de a de veras— deberán quedar amarradas en el último trimestre de este año. Y como dicta el viejo dicho de la grilla mexicana: “el que tenga más saliva, que trague más pinole”.

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Este fin de semana, Puebla confirmó su primer caso de sarampión en al menos 30 años, pero el virus llevaba tiempo avanzando, encontrando un terreno fértil que se fue construyendo durante los últimos seis años.

 

Al cierre del primer cuarto del Siglo XXI, la intervención de Estados Unidos en Venezuela marca un punto de quiebre no sólo para América Latina, sino también para la comunidad internacional, al evidenciar la fragilidad de los organismos multilaterales que, desde la Segunda Guerra Mundial, han buscado contener el uso de la fuerza. Son instituciones que hoy se muestran deslegitimadas por sus propias omisiones, las mismas que durante más de tres décadas permitieron graves violaciones a los derechos humanos, la existencia de más de 850 presos políticos y el exilio del 27.7 % de la población venezolana.

La transformación no siempre llega con estridencia ni con confrontación. En Puebla, el proceso que ha comenzado apunta a un cambio profundo que avanza sin violencia, con estabilidad política y con un mensaje claro: el poder público se ha colocado del lado de la gente, sin cerrar el paso a los empresarios ni a las inversiones. La diferencia sustancial es que hoy desde el Ejecutivo se respeta lo que antes no se respetaba: la ley.

Contundente fue la convocatoria de la presidenta Claudia Sheinbaum este 6 de diciembre en el Zócalo de la Ciudad de México. No sólo por el volumen de personas reunidas —contingentes que comenzaron a llegar desde la noche anterior— sino por lo que esa imagen representa en un país acostumbrado a que la política se mida, primero, en plazas y sólo después en urnas. El músculo de Morena y sus aliados quedó exhibido, sí, pero lo verdaderamente notable es la lectura de fondo: la continuidad de un ciclo histórico que México parece empeñado en repetir.

Ciudad de Puebla, Pue.– El Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Puebla inició formalmente el proceso para renovar la dirigencia estatal, luego de la renuncia del expresidente del Comité Directivo Estatal (CDE), Néstor Camarillo Medina, quien recientemente se sumó a la bancada de Movimiento Ciudadano en el Senado de la República. Su salida provocó ajustes internos que dejaron de manera temporal en la presidencia del CDE a la diputada local Delfina Pozos, quien se desempeñaba como secretaria general.

La Sala Regional de la Ciudad de México confirma que no se violentaron drechos políticos

La contienda por la titularidad de la Auditoría Superior del Estado (ASE) cerró con 14 aspirantes inscritos y varios focos rojos por los antecedentes de los aspirantes al cargo. Lo que para algunos podría parecer un trámite administrativo más del Congreso del Estado es, en realidad, uno de los movimientos políticos más delicados del cierre de año. En la ASE no solo se fiscalizan cuentas: se controlan equilibrios, se definen narrativas y, en muchos casos, se decide la distancia entre la justicia y la impunidad.

 

La recepción de perfiles, avalada por la Notaría Número 18, a cargo de Mariana Castro Cue, y certificada por el secretario general Julio Leopoldo de Lara Valera, garantiza formalidad. Pero la duda que flota no es sobre el procedimiento, sino sobre el tipo de perfiles que busca —o permitirá— el Poder Legislativo para encabezar al órgano técnico más sensible del estado.

 

Entre los aspirantes hay tres que destacan no por su hoja de vida, sino por el peso político y los intereses que arrastran: Germán Reyna y Herrero, Juan Carlos Moreno Valle Abdala y Francisco Romero Serrano.

 

El nombre de Germán Reyna y Herrero, socio fundador de ARH Consultores, no ha pasado desapercibido. Su experiencia en auditoría, blindaje fiscal y defensa corporativa es indiscutible. Sin embargo, precisamente allí radica la preocupación: sus despachos —incluidos los de su esposa y socios— operan como auditores externos de casi un centenar de ayuntamientos de Puebla.

 

¿Puede un auditor privado que ha trabajado para medio estado convertirse en el fiscalizador público de ese mismo estado?

 

¿No hay allí un conflicto de interés evidente?

 

¿Puede garantizarse que, al asumir el cargo, no exista una deuda técnica, profesional o incluso comercial con los mismos entes que debería auditar con rigor?

 

A ello se suma la versión de acercamientos previos entre el aspirante y altos perfiles de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), lo que abre la puerta a que intereses ajenos intenten incidir en un órgano que históricamente ha sido utilizado como herramienta política para premiar aliados y golpear adversarios.

 

Por su parte, Moreno Valle Abdala, director de Carreteras de Cuota en el sexenio de Miguel Barbosa Huerta y secretario de la Función Pública en el gobierno de Sergio Salomón Céspedes Peregrina, carga con un dilema distinto. Su trayectoria es sólida, sí. Pero un nombramiento así devolvería la Auditoría a manos de un exfuncionario estatal con conexiones todavía activas en la administración pública. La pregunta se formula sola: ¿podría fiscalizar con independencia a quienes han sido sus pares y aliados?

 

En el caso de Romero Serrano, el regreso resulta casi una provocación. Fue él mismo quien dirigió la ASE antes de ser encarcelado durante el gobierno de Miguel Barbosa Huerta. Hoy pretende volver para limpiar su nombre. Más allá de su derecho a aspirar, el mensaje es inquietante: ¿cómo garantizar imparcialidad en un órgano cuyo posible titular llega con cuentas pendientes, acusaciones y heridas abiertas en el tablero político?

 

La pregunta que nadie quiere responder

 

La ASE debería ser sinónimo de autonomía, vigilancia y credibilidad. Sin embargo, con perfiles tan marcadamente vinculados a gobiernos, empresas, operadores políticos y redes de influencia, es imposible no plantearlo:

 

¿Está el Congreso realmente buscando un auditor independiente o solo eligiendo al próximo guardián de intereses?

 

La transparencia en Puebla ha sido, durante años, moneda de cambio. Un negocio en algunos casos; un garrote político en otros. Por eso el próximo titular de la ASE no es un nombramiento menor: es una señal de si el Estado quiere corregir el rumbo o mantener los mismos vicios bajo un nuevo nombre.

 

El proceso está en sus últimas etapas, pero desde ahora es claro que no basta con revisar currículums. Lo que está en juego es la confianza pública. Y esa, más que firmarse ante notario, se demuestra con decisiones verdaderamente independientes.

 

Cuenta de X: @mecinas

En México, los partidos políticos parecen haber encontrado una fórmula perversa para sobrevivir: apostar por candidatos cuestionados, con poder económico o de control territorial, aunque ello implique abrir la puerta a personajes investigados por presuntos vínculos con el crimen organizado. No es casualidad ni accidente; es una estrategia electoral que prioriza votos sobre ética, y registro sobre democracia.

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