Primero que no fue un despido cualquiera.
Y segundo que una salida de este tipo venga acompañada de auditoría, ya que algo se sabe o se sospecha,
Nada más hay que sustentarlo.
Como lo adelantamos, así se tenía que hacer.
Trece años en el mismo cargo no se explican con eficiencia, sino con poder.
Gaytán logró algo que pocos funcionarios pueden presumir, sobrevivir a seis gobiernos distintos.
Moreno Valle lo formó, Tony Gali lo mantuvo, Martha Erika lo heredó, Pacheco Pulido no lo tocó, Barbosa lo toleró y Sergio Salomón lo dejó intacto.
Hasta que Armenta puso el freno.
Ahora la ASE no llega por capricho, ni como amenaza o cacería de brujas.
SOAPAP cerró como el organismo operador más endeudado del país, y en lugar se supervisar la concesión del agua se convirtió en una zona opaca hasta que llegó Armenta.
Hoy, con Gaytán fuera, se revisarán licitaciones, contratos, obras y proveedores.
Y en ese punto aparece el patrón que en el sector es conocido desde hace años: siempre ganaban los mismos.
Valconpue.
Rojmar.
Coarby.
Fénix del Valle.
Paviexprex.
Vym.
Accial.
Pavimentos M&S.
Empresas recurrentes en obras hidráulicas, mantenimiento y contratos vinculados al sistema de agua.
Las tres últimas, de acuerdo con información conocida en el sector de la construcción, están ligadas a un funcionario del propio SOAPAP que, al mismo tiempo, opera como empresario.
Ese es el fondo real de la auditoría.
Durante años, Gaytán fue camaleón.
Cambiaba de discurso según el gobierno en turno, pero no cambiaba de estructura.
El SOAPAP no vigiló la concesión, la administró como aliada.
Y ahora, con la ASE de por medio, lo que antes eran versiones se convierten en revisiones formales.
La salida de Gaytán es apenas el inicio de algo que en Puebla se pospuso durante 13 años: revisar el poder antes de que se camuflara nuevamente.
Tiempo al tiempo.
¿Agüera a la vista?
El exrector de la BUAP Enrique Agüera volvió a aparecer.
No en tribuna política, no en un mitin, sino su escuela y redes sociales.
Fotografías con alumnos, presencia pública después de un largo periodo de bajo perfil.
Para muchos pasó desapercibido; para otros, no tanto.
Agüera fue también candidato a la alcaldía de Puebla y perdió, pero también aprendió algo que en política pesa más que los resultados.
Ahora, a un año del proceso electoral de 2027, su reaparición no parece casual.
No ha anunciado nada, no ha dicho que va por algo, pero tampoco se ha escondido.
Volvió a mostrarse, como para recordar que sigue ahí.
En un escenario donde varios actores comienzan a moverse con discreción, Agüera se asoma justo cuando el calendario empieza a apretar.
Tal vez es solo vida académica.
Tal vez es simple nostalgia.
O tal vez es el gusanito de la revancha.
Tiempo al tiempo.
















