• 17 de Septiembre del 2026
Adela Ramírez

Adela Ramírez

  • Cada vez que rueda un balón, millones de personas detienen el mundo y durante los últimos días hemos sido testigos de esta dinámica mundialista.

Dicen que todos somos diferentes. La ciencia responde: sí... pero muchísimo menos de lo que imaginamos.

Una fotografía, un gesto con las manos y millones de personas intentando descifrar un supuesto mensaje oculto. Así de fácil se activa una de las características más antiguas y fascinantes del ser humano: nuestra necesidad de encontrar misterios en todas partes.

Durante mucho tiempo se ha romantizado la idea de que el amor verdadero es arrebatado, caótico e incluso doloroso. La cultura popular nos enseñó que los grandes amores se viven al borde del abismo emocional, como si el sufrimiento fuera una prueba de autenticidad, eso acompañado de las religiones y el cine Hollywoodense nos llevó a construir ideas, que ahora comienzan a deconstruirse.

Hay dolores que se reconocen de inmediato. Puede ser una pierna rota, una cirugía o un diagnóstico médico, y nadie cuestiona el tiempo que una persona necesita para recuperarse de ellos.

Hoy, comienzo con una  confesión: la primera vez que vi a una amiga subir un video haciendo pole dance en redes sociales creí sentir pena ajena, después me di cuenta que en realidad eran prejuicios acumulados.

Hay una pregunta silenciosa que muchas mujeres se hacen después de varias relaciones fallidas:

Existe una idea romántica alrededor de Charles Darwin y Karl Marx: que ambos se sentaron a cambiar el mundo juntos. La realidad fue distinta, aunque no menos interesante. Marx admiraba profundamente a Darwin. Después de leer El origen de las especies, escribió que aquella teoría explicaba cómo el cambio y la transformación son parte natural de la vida. Años después le envió una copia dedicada de El Capital. Darwin respondió con amabilidad, pero no existen pruebas firmes de que realmente leyera el libro completo. Incluso, se supo que historiadores encontraron páginas aún sin abrir en aquel ejemplar.

Hubo un momento en que el Federal Bureau of Investigation (FBI) entendió algo aterrador: perseguir asesinos no era suficiente. Había que entenderlos.

Hay fenómenos que no se explican con estadísticas, se explican con lágrimas, gritos, emoción y ambiente mexicano.

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