• 07 de Abril del 2026
Elsa Herrera Bautista

Elsa Herrera Bautista

En estos tiempos de capitalismo violento, cuando gran parte de la experiencia humana transcurre en entornos digitales, pensar, hablar y practicar el autocuidado resulta urgente, sobre todo en relación con las generaciones más jóvenes ¿por qué? porque recientemente se han calibrado los efectos adversos que la sobreexposición a redes sociales y contenidos disponibles en internet tienen sobre la salud integral y esto agudiza los conflictos que históricamente se asocian con la adolescencia en las sociedades occidentales, por ejemplo, cambios físicos y socioemocionales, deseo de experimentación, cuestionamiento de límites, etc.

El 20 de noviembre se cumple un aniversario más de la firma de la Convención de los Derechos de la Niñez (CDN), sucedida en 1989, como eco de la Declaración Universal de 1959. Este acuerdo internacional, cuya idea fundamental es que niñas, niños y adolescentes deben ser comprendidos y tratados como sujetos de derecho, enlista condiciones mínimas para que las primeras etapas de la vida sean vividas con dignidad, libertad y seguridad.

La persona que hace unos días asesinó a Carlos Manzo, ex alcalde de Uruapan, fue un adolescente de diecisiete años. En septiembre, un muchacho de dieciséis años, estudiante del CCH Sur, murió a manos de un joven de diecinueve. El autor del feminicidio de Natalia Andrade, ex funcionaria del gobierno municipal de Puebla, fue también un adolescente, pero de doce años.  Los tres casos, todos ocurridos en 2025, apuntan a fenómenos distintos, pero que develan complejas violencias que atraviesan la experiencia de ser adolescente en el México actual.

Cada año, a propósito del Día Mundial de la Prevención del Suicidio (10 de septiembre), veo con mis estudiantes de arte digital un documental llamado Kuxlejal. Vida. El documental, grabado en San Andrés Larráinzar y dirigido por Elke Franke (2020), me resultó impactante cuando lo vi por primera vez durante la pandemia, en un seminario virtual organizado por la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

En México, septiembre se conoce como el mes de la patria. Pienso en patria y pienso en un territorio. Pienso en un territorio y pienso en las personas que lo habitan. Pienso en las personas que habitan México y pienso que la tercera parte de esas personas son niñas, niños y adolescentes.

El pasado 23 de octubre tuve oportunidad de compartir un taller con niñas y niños que asistieron a la Feria de Lecturas y Experiencias (FLEX), organizada por el Consejo Puebla de Lectura y el Cuerpo académico 249 de la Facultad de Arquitectura de la BUAP. El evento, que consistió en una serie de actividades realizadas en la calle en la que se sitúa la biblioteca ALMA en el barrio de Analco, permitió la participación y la convivencia de las familias. Hubo talleres para decorar calaveritas de chocolate, cartonería, robótica, cuentacuentos, pintura y muchas otras actividades interesantes y entretenidas. Algo que llamó mi atención particularmente, fue una exposición de fotografías realizadas por niñas y niños del barrio, quienes retrataron imágenes cotidianas, con asesoría de jóvenes voluntarios del Consejo Puebla de Lectura.

Este 4 de diciembre se llevó a cabo un foro virtual con motivo de los diez años de la publicación de la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (LGDNNA). Quienes participaron, especialistas con muchos años de trabajo en organizaciones civiles, e integrantes de diversos Sistemas de protección integral de niñas, niños y adolescentes (SIPINNA), reconocieron los grandes avances que se han dado en relación con la conceptualización y el tratamiento de niñas, niños y adolescentes como sujetos de derechos en México. Sobre todo, aludieron al andamiaje y a la coordinación  institucional que  mandata la LGDNNA, así como al impulso a los principios rectores de la Convención de los Derechos de la Niñez, a saber: el interés superior de la niñez, la supervivencia y el desarrollo, la participación y la no discriminación. Asimismo, las y los representantes de las organizaciones civiles mostraron entusiasmo en relación con el nombramiento de la exdiputada morenista Lorena Villavicencio como secretaria ejecutiva del SIPINNA nacional, quien afirmó que está consciente de los retos y de la magnitud de su responsabilidad y también que trabajará en colaboración con la sociedad civil.

Personalmente, me resultó alentador presenciar estos diálogos en torno a la LGDNNA y al SIPINNA y saber que hay esperanza para su fortalecimiento, que se siguen articulando discursos y acciones para promover la protección y la participación infantil y adolescente, especialmente en contextos de violencia y vulnerabilidad, como la falta de cuidados parentales o la migración. Por supuesto, también se señalaron grandes retos, como la necesidad imperiosa de asignar presupuestos y lograr que el trato digno y respetuoso hacia niñas, niños y adolescentes se vuelva la regla, ya que todavía es más una excepción, en las distintas dependencias y procesos.

Escuchando estas impresiones, que estuvieron repartidas en varios paneles en los que el abordaje se hizo desde una perspectiva nacional (aunque hubo intervenciones puntuales de los SIPINNA de Chihuahua y Baja California), pensé en Puebla y en cómo aquí el SIPINNA no ha exhibido, en todos estos años, mayor trascendencia (si estoy equivocada corríjanme). Se realizan ceremonias de instalación, se nombran personas para ocupar la secretaría ejecutiva (siempre dentro del DIF), se organizan conferencias, consultas y foros, pero, en general, ni a nivel estatal ni en el plano nacional, hemos avanzado mucho en la construcción de una cultura de protección y participación infantil y adolescente. Tal debería ser, a mi juicio, el fin último de los SIPINNA.

En Puebla, hay datos que debería causar una mayor indignación y acciones de prevención y sanción sistemáticas. Por ejemplo, los casos de abuso sexual reportados en instituciones educativas. El titular de la SEP refirió, en días pasados, que durante 2023 y 2024 dicha institución ha recibido 49 denuncias por hostigamiento, acoso y abuso sexual en escuelas de todos los niveles de la entidad. Si las escuelas no son seguras y la mayoría de los abusos en contra de niñas y niños son perpetrados por familiares ¿qué dice eso de nuestra sociedad? ¿qué podemos esperar de otras instituciones?

Contamos con un mandato de ley para desarrollar una institucionalidad que promueva la protección y participación de niñas, niños y adolescentes y, más que eso, contamos con la urgencia de solventar graves problemas sociales, en muchos de los cuales, la infancia y la adolescencia resultan piezas clave. Quedo atenta, como supongo también lo están diversas organizaciones civiles, a las medidas que desplegará la administración estatal que está por comenzar, esperando que el Amor a Puebla implique respeto a los derechos de niñas, niños y adolescentes en la forma de presupuesto y políticas públicas efectivas.

¿Qué clase de personas seríamos nosotros si no hacemos algo por cambiar el lugar donde vivimos, el lugar donde estamos? ¿qué clase de personas seríamos? Son las preguntas que se formula un joven estudiante de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos en el minuto sesenta y nueve del documental “Ayotzinapa, el paso de la tortuga” (García Meza, 2018). Esta pregunta resuena en mi cabeza como un ruido incómodo, casi como un dolor. Volví a escucharla el jueves pasado (en el décimo aniversario de la desaparición de los 43), estaba acompañada un grupo de jóvenes estudiantes de arte digital, con quienes comparto un curso denominado arte, lenguaje y sociedad. Ellas y ellos, habitualmente de apariencia alegre y despreocupada, se encontraron, al finalizar el documental, con una actitud más bien sombría, sintiendo el peso de la realidad y de la historia. Esta sensación fue confirmada por sus comentarios:

El 10 de septiembre fue establecido por la OMS desde 2003 como el Día mundial de la prevención del suicidio. Como ya es costumbre en todos los días mundiales, estaremos pendientes del boletín del INEGI con las cifras nacionales actualizadas respecto al problema, que será desglosado por entidad federativa, sexo y grupo de edad. Seguramente también habrá  foros, eventos y conferencias en diversas instituciones públicas y privadas.

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